miércoles, 15 de diciembre de 2010

Bollywood para principiantes

Aquí esta mi primer artículo publicado para Nylon Magazine en México.
El artículo fue dividido en dos números de la revista, uno corresponde al número de noviembre y el otro al numero de diciembre-enero. Está visto que mis artículos siguen siendo demasiado largos.



















Diciembre/Enero 2010
Noviembre 2010

Una chica está a punto de cometer el peor error de su vida, casarse con el hombre equivocado. En su rostro, maravillosamente maquillado y decorado con espectaculares joyas, podemos ver una expresión de resignación ante lo inevitable. Va a seguir el destino que sus padres le han marcado, va a tener un matrimonio arreglado. En el último momento alguien irrumpe en la boda, es su príncipe azul, el hombre del que está realmente enamorada. Ha venido a rescatarla porque se ha dado cuenta de que no puede vivir sin ella, pero antes tendrá que demostrar lo que vale. Este no solo es el argumento del El Graduado, también es el del 90% de las películas de Bollywood. Antes y después de esta escena puede pasar de todo, seguro que habrá bailes, canciones, alguna escena de acción, comedia, amistad y amor por la familia. Por unos padres que aunque a veces se equivoquen, siempre quieren lo mejor para sus hijos y al final sabrán darse cuenta de lo que necesitan. Por supuesto, respetaran los valores tradicionales sin renunciar a la modernidad. Habrá amor por la patria y se reivindicará la nación india. Se hará hincapié en que no hay nada que un indio no pueda hacer y ningún sitio al que no pueda llegar. Se disfrutarán los espectaculares paisajes del país y sus prosperas ciudades. Además de alguna que otra capital occidental, en la que los personajes se moverán como pez en el agua y encontrarán a algún nutrido grupo de blancos que se sepan la coreografía del videoclip. Y todo esto sin tener ni la más mínima intención de vender las virtudes de la India a los extranjeros, lo hacen para ellos, para el disfrute de los suyos dentro y fuera del país.
Esto no significa que nosotros, los extranjeros, no podamos deleitarnos de la industria más prolífica del mundo. Por supuesto, antes de aproximarnos a ella conviene seguir una serie de reglas que nos ayudaran a disfrutar plenamente de esta experiencia que por lo general nunca dura menos de tres horas.
Regla número uno, elija a su estrella favorita: Si es usted un amante de los clásicos, de los actores de toda la vida, de los que nunca mueren. Sin duda está buscando a Amitabh Bachchan. Si se le pudiera comparar con alguien, yo lo haría con Sean Connery. Es un personaje omnipresente en el cine, en la publicidad, en TV y en los corazones de todos y cada uno de sus compatriotas en las últimas cuatro décadas. Si por el contrario lo que a usted le gusta son esas mujeres tan espectacularmente bellas que se comen la pantalla con su sola presencia, debería de conocer a Aishwarya Rai, que digo, seguramente ya la conocerán. Llegó a la fama como muchas otras, ganando Miss Mundo en 1994, y se ha convertido en la indiscutible reina de Bollywood. Por cierto, está casada con el hijo de Amitabh, no le busquen segundas intenciones a tan afortunado enlace. Y si lo que le gustan son los señores un poco pasados de peso y con bigote, yo no seré quien le juzgue, porque millones de personas en el país del Ganges también adoran a grandes actores como Anil Kapoor, al que recordaran por su papel de presentador de programa de televisión en Slumdog Millionare. Para el público más moderno también hay donde elegir, desde actrices extremadamente sexys y de corte occidental como Katrina Kaif, Priyanca Chopra, Deepika Padukone o Kareena Kapoor, a los forzudos Salman Khan, Akshay Kumar, Hrithik Roshan o Shah Rukh Khan, este último llamado a ser, si no lo es ya, el nuevo Amitabh Bachchan. Todos ellos, modelos de conducta e ídolos de masas.
Regla número dos, esté muy atento a sus próximos estrenos, ya que serán más de uno y más de dos al año. Al contrario que en occidente, en la India una imagen nunca se quema, pero si se debe de olvidar rápidamente a juzgar por el hecho de que en cada nuevo estreno se repiten las mismas caras.
Regla número tres, hágase con las bandas sonoras antes del estreno y no se olvide de practicar las coreografías, ya que nunca sabe cuándo va a tener la oportunidad de lucirse en una fiesta. Como en el tradicional baile de la lluvia que se celebra cuando se acerca el asfixiante verano en Delhi y donde no es raro ver a los niños bailar imitando los movimientos de sus ídolos a cámara lenta, bajo la lluvia artificial de los aspersores.  Los videoclips y las bandas sonoras de las películas se ponen a la venta antes del estreno y sirven como reclamo publicitario.
Regla número cuatro, reúne a tus amigos para ver la película, ya que si ha seguido el resto de las instrucciones, le aseguro que habrá momentos en los que no podrá evitar levantarse para cantar y bailar, y hacerlo solo, va a parecer… raro. Por eso le recomiendo que si decide adentrarse en el mundo de Bollywood, intente arrastrar a sus amigos con usted, porque son películas que merece la pena disfrutar acompañado. Pero en caso de que no consiga compañía, bajo ningún concepto apague su celular durante la función. Ya que, como he dicho antes, la película durará una media de tres horas durante las que no parece estar mal visto quedar con algún amigo para después, hacer llamadas de negocios o escribirle algún mensaje a la chica que te gusta inspirado por alguna frase de tu estrella favorita.
Regla número cinco, sea de mente abierta. Porque verá cosas que le chocaran, sobretodos a aquellos que se hagan preguntas como ¿Y no era ese el país con mayor desnutrición infantil del mundo? Y es que Bollywood parece funcionar como un espejo mágico en el cual se ve todo el país distrayéndose de lo que realmente pasa a su alrededor, limpiando las calles y cambiando la miseria por el urbanismo mas puntero mientras se regocija en el lujo y la opulencia. En eso se supone que consiste la magia del cine, en que unas veces te haga pensar y otras, simplemente te ayude a olvidar. Por eso Bollywood es el mejor exponente de la industria del entretenimiento.
Sepa también el lector que cuenta además con una amplia gama de géneros, desde la comedia romántica a la ciencia ficción y de la tragedia a la acción de primer nivel o, si así lo desea, podrá verlo todo junto en el género supremo que abarca todos los estilos, el Bollywood Masala. Merece la pena aclarar que los indios entienden el termino masala como mezcla. En la comida representa una mezcla, muchas veces indefinida, de especias. En el cine es siempre una mezcla indefinida de géneros. Donde de nuevo se miran al espejo para ver la que para ellos es su mayor virtud, la gigantesca diversidad cultural.
Otra de las grandezas de Bollywood es la capacidad de fagocitar los argumentos del cine occidental y convertirlos en películas puramente indias, como la mezcla de Superman y Batman en Krish (2006) con Hrithik Roshan, o el Memento indio Ghajini (2008) con Aamir Khan. O de hecho atraer estrellas de Hollywood como es el caso de Kambakkht Ishq (2009) protagonizada por Akshay Kumar y Kareena Kapoor y secundados por Sylvester Stallone, Denise Richards, Brandon Routh y Holly Valance, o la gigantesca Singh Is Kinng (2008) con Akshay Kumar y Katrina Kaif, y con banda sonora de Snoop Dogg. Pero no solo atrae a Hollywood, también la estrella mexicana Bárbara Mori comparte cartel con Hrithik Roshan en Kites (2010) la sensación de la temporada. Actualmente se encuentra en Mumbay el prestigioso guionista y director Paul Schrader (Taxi Driver, American Gigolo) donde se supone que rodara Xtreme City con Shah Rukh Khan.
Es el momento de volver al principio, a esa chica que está a punto de casarse y veamos que puede pasar. La primera opción es que efectivamente el héroe se salga con la suya y rescate a la chica de un matrimonio probablemente infeliz, no sin antes ganarse un buen puñetazo del que ha estado a punto de institucionalizarse como marido. Al final, cuando los invitados y familiares se den cuenta de que la chica lo quiere a él, aprovecharan la coyuntura para contraer matrimonio con la bendición de todos, incluido el cornudo. En un segundo supuesto, digamos que el héroe se retrasa, pongamos un atasco, una trampa de la suegra o una conspiración criminal destinada a acabar con la vida del presidente de Botsuana, da igual. Lo importante es que se retrasa, que la ceremonia se lleva a cabo y la chica se casa, eso solo puede significar una cosa, la chica se acabará enamorando de su marido cuando entienda todo lo que este señor está dispuesto a hacer por ella, en algunos casos llega a viajar a Europa en busca del hombre del que su mujer está enamorada. Y pongamos que en un tercer supuesto será el padre el que, después de ver la desdicha en la que está a punto de condenar a su hija, aun a costa de su honor (que en realidad nunca se verá dañado) disuelve el compromiso para dejar a su retoña en brazos de su amado. Merece la pena señalar la poca mano que tiene ella en estas decisiones que tanto le afectan. Pero lo más importante, lo fundamental, es que todos aceptaran su destino y lo harán con felicidad y regocijo.

sábado, 17 de julio de 2010

Un encuentro en la cumbre

























Amigos mios, aquí tenéis otra entrega.

sábado, 26 de junio de 2010

El reto.

Me voy a proponer un reto a mí mismo y lo voy a compartir con vosotros. Me apuesto a mi mismo que al final de este año voy a ser capaz de traducir al español castizo esta canción de Café Tacuba sin la ayuda de ningún chilango (gentilicio coloquial de los defeños, naturales del México DF).



Si no lo consigo...

viernes, 25 de junio de 2010

Como superar un viaje en el tiempo.

Soy un viajero del tiempo, de hecho soy un viajero que viene del futuro y para variar no he sabido sacarle ningún provecho a esta condición. Tampoco es que venga de un futuro muy lejano, no he conocido a vuestros hijos y no sé si algún día terminareis de pagar la hipoteca. ¿Cómo es posible? Muy sencillo, como casi todos habéis visto Superman, sabéis que si se vuela en sentido Este-Oeste, alrededor del globo terrestre, se puede retroceder en el tiempo y salvar a Lois Lane, que parece ser la única utilidad de esta experiencia. A grandes rasgos es lo mismo que hemos hecho Gabi y yo viajando de India a México, el único problema es que en caso de que Lois Lane hubiera estado en peligro, el piloto de nuestro avión habría metió la pata volando por el polo norte en lugar de viajar en hacía la izquierda, mirando hacia el norte... bueno, no sé si a efectos prácticos este viaje le hubiera servido de algo a esta intrépida y temeraria periodista, aunque si me permitís aventurarme yo diría que Clark Kent se hubiera quedado viudo.

La verdad es que la utilidad de viajar doce horas al pasado es muy relativa, sobre todo si se tiene en cuenta que se tardan unas veinticuatro en llegar, así que lo único que haces es tragarte 24 horas de viaje para que te las cuenten como si solo fueran 12 y encima, si haces escala en EEUU, corres el riesgo de acabar metido en un cuartito aterrorizado ante la expectativa de que un policía grandullón y maleducado se ponga un guante de latex y saque un bote de vaselina. Aquí viene uno de los pocos consejos prácticos que recibiréis en My Daily Delhi Belly, si viajáis a USA consultad la web de la embajada, porque aunque no nos haga falta visado turista, tenemos que pedir permiso y a poca gente le apetece pasar por una experiencia tan intima con un tipo con tan grosero.

Como antes de viajar a cualquier sitio siempre conviene documentarse un poco, quiero compartir con vosotros algunas de mis fuentes más fiables sobre este gran país que conocemos como México. La primera es mi buen amigo Javi, quien en una ocasión me contó que un mexicano le había dicho que nada más bajarte del avión en el aeropuerto del DF, te pegaban un tiro. Yo, que soy una persona muy inocente, pensé en lo bien que les venía eso a las compañías aéreas, ya que la mayoría de los pasajeros compran sus billetes de ida y vuelta, además así se explicaría la exagerada y siempre sospechosa poca diferencia de precio entre un pasaje solo de ida y uno que incluyera la vuelta. Por supuesto, aunque tuve la prudencia de comprar mi billete en un solo sentido, porque más vale prevenir que curar, esta no era mi principal preocupación cuando me bajé del avión. Lo que ocupaba mi mente era mi inminente presentación ante mi familia política. Después de todo, no sería una locura que, teniendo en cuenta con todas las perrerías que les hemos hecho a lo largo de la historia, una familia mexicana no se fiara de un yerno español. Así que imprudente de mí, en lugar de preocuparme por las personas con armas fuego, me dediqué a buscar a mi suegra y a mi cuñada. En lo único que fui prudente fue en adecentarme un poco cortándome el pelo unas semanas antes, en Delhi. El resultado me hizo darme cuenta que si muchos indios llevan esos pelos es porque quieren… o por una de esas razones que a los cosmopolitas como yo nos gusta catalogar como “culturales”. Debí de ser muy afortunado porque no solo salí intacto del aeropuerto, sino que mi primer encuentro con la progenitora de Gabi pareció ser todo un éxito. Yo intente hacerme el gracioso un par de veces y ella se rió cortésmente.

Mi segunda fuente viene de la India y de una opinión muy generalizada entre aquellos que habían estado en México y que aseguraban que no iba a sentir la diferencia, que iba a ser igualito a Delhi. Con esta idea me subí en el coche del padrastro de Gabi. En el primer tramo, entre una terminal y otra del aeropuerto, nada me pareció normal. Quiero decir que, habituado a vivir en la India, me sorprendió no ver animales, arena o gente amontonada en el aeropuerto. Es posible que debido a algún evento no le estuviera permitida la entrada a la población civil. Cuando llegamos a la otra terminal, nadie nos quiso cobrar la entrada, los taxistas no nos invitaban a subir a sus vehículos y no había cincuenta hombres disfrazados de mayordomo y levantando papeles con nombres occidentales. Allí nos encontramos con Pilar, que había traído una de nuestras maletas a pesar de conocernos de un mes… parece ser que nunca había visto “Jailed Abroad”. En el siguiente tramo, entre el aeropuerto y la casa de mi familia política, tampoco encontré nada que me recordara a Nueva Delhi. Coches americanos, camiones con formas sinuosas en lugar de latas gigantes pintadas de mil colores, pocos baches, adelantamientos silenciosos… en ese momento empecé a echar de menos India, me di cuenta de que mis fuentes no habían sido muy fiables y de que definitivamente aquello no era Asía.

Mi tercera fuente sobre México es la más cercana, Gabi. Pero uno siempre sabe que cuando alguien habla de los suyo, la subjetividad lo empuja a valorar basándose en los mejores recuerdos de la vida. El sabor único de la comida, la belleza del paisaje, la simpatía de la gente, etc… A todos nos gusta nuestro país, especialmente cuando estamos en el extranjero. Decidí ser prudente y otra vez me equivoqué. Solo hizo falta una visita al mercado donde la fruta y la verdura son gigantes y apetecibles, donde había ternera en todos lados, donde comimos huaraches y bebimos horchata de arroz y agua de Jamaica, quedé convencido de que Gabi no se equivocaba. La noche anterior, debido a ese fenómeno conocido como jetlag y que en mi opinión no es otra cosa que el proceso de adaptación después de un viaje en el tiempo, Gabi y yo nos despertamos a las dos de la madrugada. Después de desayunar unas quesadillas, siguiendo el horario indio, pusimos la tele y para nuestra sorpresa ponían “Bollywood Hero” una serie cómica en la que Chris Kattan se interpreta a sí mismo intentado convertirse en una estrella de Bollywood. La serie era tan buena, tan divertida que casi me echo a llorar de pena.

Por eso soy un viajero del tiempo, porque durante una semana mi cuerpo estaba todavía en Nueva Delhi y mi cabeza me torturaba haciéndome pensar en lo mucho que me iba a costar volver. Y lo que más jode es que, a pesar de viajar en el tiempo, de venir del futuro, no he acertado prácticamente nada en la quiniela del mundial.

Así es como empieza mi épica aventura mexicana.

miércoles, 16 de junio de 2010

Ajustando el marcador.

Como casi todos saben, hay pocas cosas que me gusten mas en este mundo que una buena pachanga de baloncesto, ya fuera en su momento en las pistas del polideportivo de Tomares, en la de mi colegio mayor, el Pio XII, en las de la calle Embajadores de Lavapies (de las que me considero hijo adoptivo) o de las de Siri Fort en Delhi. Uno de los problemas más habituales de estas pachangas es que, sobre todo en los partidos muy igualados, aparecen tensiones entre los jugadores, que comúnmente conocemos como piques. Llega un momento en el que alguien pregunta “¿Cómo vamos?” y otro contesta “15 -16”, a lo que uno de equipo rival saltará diciendo “¿Cómo? 17 – 16 para nosotros” “¿Pero qué dices? Si el último triple no valía y además estabas pisando la línea” (hay que aclarar que, normalmente, en las pachangas los triples valen dos puntos y las canastas normales uno). La dinámica de la conversación nos llevará a que finalmente, tras la intervención de algún jugador que lo único que quiere es seguir jugando, el marcador quede en 16 – 16, pero que la tensión en la pachanga se duplique.

Creo que la forma más honesta de acabar esta primera etapa de My Daily Delhi Belly es ajustando el marcador del que siempre estoy hablando. Vamos a ver quién ha ganado la partida, quien ha podido más…

Antes de empezar, debería de explicaros que la puntuación se hará basándome en toda la experiencia, no solo en las entradas que habéis leído, que como sé que sois un poco sádico y que solo os gusta verme pasarlo mal, no he querido aburriros con mis grandes triunfos en tierras asiáticas, bueno, vale, también es porque soy una persona muy de humilde.

Muchos os acordareis de la primera entrada “Matrimonio en Panscheel Enclave”, nuestra primera aventura, en la que un autodenominado gurú sexual, dudando de mi virilidad, nos intentó convencer de que no solo le enseñásemos nuestras intimidades, sino también de efectuar esas prácticas maritales que no tienen nada que ver con pelearse. Esta experiencia quedó compensada cuando conocimos a Rahul, mi autentico gurú, que me enseño mucho de la realidad social y religiosa de la India. También con Mr. Chaney, un sij, masón y por supuesto barbudo con el que entendí la perspectiva espiritual, que normalmente se nos escapa a los occidentales, de asuntos que nos parecen más que peliagudos. Empezamos dos a uno, y podríamos puntuar también el hecho de que a partir del primer gurú, Gabi y yo nos convertimos en un matrimonio con casi todas las de la ley en Panscheel Enclave… aunque no sé si sumarme un punto por esto se podría considerar uno de esos asuntos peliagudos.

En cuanto al acalorado debate que suscitó mi costumbre de usar mallas para hacer deporte y que se extendió a lo largo de varias entradas, tengo que decir que o ellos se acostumbraron a verme correr con esta prenda asomándose por debajo de mis calzonas o yo desarrolle un mecanismo de defensa freudiano para ignorar tan ignominiosas miradas. No sabría hacia donde puntuar, aunque sospecho que la India se llevaría la ventaja en esta ocasión.

No más afortunados han sido mis encuentros con animales semisalvajes en Nueva Delhi, y digo semisalvajes y no salvajes porque por vivir en la ciudad casi merecen el título de urbanos y en ocasiones hasta urbanitas. El primer encuentro que se puede considerar desencuentro, seguramente fue aquel de mono anciano con gigantescas partes nobles, que después de amenazarme, intentó atacarme con la intención de pegarme alguna enfermedad incurable, unos reflejos producto de mi no siempre latente instinto de supervivencia y de mis años de entrenamiento baloncestístico evitaron males mayores. La otra experiencia, que he compartido con vosotros ha sido el episodio de la paloma, en el que pude medir mis habilidades intelectuales con esta ave tan astuta. Los enfrentamientos se prolongaron durante más de un mes hasta que finalmente conseguí echarlas de mi balcón. Para compensar puedo decir que me subí en un elefante que no me hizo nada y que conocí a un perro que me cogió mucho cariño ¿Se compensan? Yo diría que sí ¿Y sabéis porque? Porque el juego es mío y no he cogido la rabia, creo que me lo merezco.

Otra cosa han sido mis visitas al Max Center, vamos, al hospital. Todo empezó con una muela y cinco dolorosas visitas al dentista. Lo bueno es que fue barato, lo malo es que fue doloroso, lo mejor es que después de un año tengo la dentadura sigue en perfectas condiciones. Este para mí. La siguiente visita estuvo relacionada con un accidente propio de la tercera edad, en el que me caí encima del lavabo de porcelana, después de que este se rompiera en mil pedazos contra el suelo. De esta experiencia he sacado unas cuantas cicatrices y la certeza de mi intolerancia al tequila. Creo que este punto se lo llevaría por acumulación el gremio de fabricantes de porcelana en la India, ya que hace unas semanas rompí el tanque de agua del templo, perdón, quería decir del retrete, en un accidente que nada tuvo que ver con una intoxicación etílica. Otra de las experiencias de las que también os hice participes, por muy desagradable que parezca, fue de mi primer “Delhi Belly”. Por prudencia no os he hablado de las otra cuatro en un margen de seis meses, por lo que he llegado a la conclusión de que he desarrollado intolerancia a algo a lo que no estoy dispuesto a renunciar. Está claro que en este apartado he salido perdiendo, aunque creo que se me debe de reconocer el merito de seguir vivo.

Pero bueno, después de miles de rupias perdidas en precios inflados por mi condición de extranjero, incontables pachangas de basket a mas de 40° y a menos de las ocho de la mañana, dos visitas al peluquero con balance positivo, primera visita al barbero, dos piezas de baño rotas, dos pisos con un casero malo que se metía en la cama con su director de banco y una casera tonta, miles de rickshaws y cientos de pensamientos de asesinato. Una reputación ganada como bailarín punjabi, una gran boda india, muchas visitas de las queridas, las impuestas y las inesperadas, además de algunos mentirosos compulsivos. Un piloto, varios guiones, un nuevo compañero de escritura. Y ahora que la experiencia se ha acabado, solo puedo acordarme de todos los buenos amigos que he hecho, un arquitecto con talento de escritor y apariencia de personaje de Stars Wars, un brillante jugador de baloncesto y respetable diseñador grafico, un chef mexicano al que quiero como a un hermano, un holandés errante, lo juro, errante de verdad y holandés casi de mentira, un montón de arquitectas encantadoras, mi gurú, mi sij masón, la reencontrada Clara, Anita y su encantadora familia y muchos, muchos más que me van a hacer querer volver el resto de mi vida. Creo que al final he acabado ganando.

Esta entrada se la dedico a Gabi, que ha hecho de este uno de los mejores años de mi vida y que ha sufrido en primera persona de todos mis despistes, dolencias y confusiones.

A partir de ahora una nueva etapa se abre ante mí y para inaugurarla, una nueva cabecera para el blog, “My Daily Delhi Belly o Mi Diaria Venganza de Moctezuma”. Hasta pronto amigos.

jueves, 20 de mayo de 2010

The Daily Delhi Belly of an Indian Cow

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To my non Spanish speakers friends...

miércoles, 12 de mayo de 2010

Big trouble in little Tibet

Aunque me gustaría, esta entrada no puede ser un homenaje al enorme genio creativo de John Carpenter y yo no soy Kurt Russell en la piel de Jack Burton. Esta es una historia de supervivencia, de esperanza, de ilusión y de lucha contra la adversidad encarnada por la ineptitud de un guía (interpretado por mí) haciendo creer a unos pobre visitantes que las distancias en el norte de la India eran salvables en unas pocas horas. Aunque se podría pensar que soy el malo de la película, la verdad es que no es así, por que más que a una película la historia acabó pareciéndose más a un videojuego con un enemigo en cada fase:

Fase 1. Nueva Delhi.
Como ya sabéis es mi ciudad y por tanto estoy dispuesto a pelearme con cualquiera que sea más pequeño que yo y que se le ocurra meterse con ella. De todas formas tengo que reconocer que puede llegar a ser un sitio un poco intimidante. Es grande, muy grande. Hay mucha gente, mucha, mucha gente… seguramente más de la que os imagináis. Antes de venir, si has consultado con algún médico, te habrá dicho que vas a coger alguna enfermedad mortal a corto o medio plazo. Y si tienes mala suerte, puedes pasar mucho calor. Pues bien, mi estimado amigo Pablo y su encantadora novia, María, los auténticos protagonistas de esta historia, sufrieron de la combinación de todos los factores anteriores.

El primer día hicieron uso del formato de visita habitual, alquilaron un taxi que les llevo a los monumentos más interesantes de la ciudad, la tumba de Humayun, Red Fort, Qutb Minar, etc… mucho calor, de hecho se supone que la semana de abril más calurosa de los últimos 30 años, pero lo pasaron bien, creo. Al día siguiente, recién llegado yo desde España, los saqué a uno de mis intensivos paseos por Old Delhi. Algunos ya han sufrido la experiencia en la que además de negarles el transporte sobre ruedas, les mareo con miles de millones de explicaciones indigeribles, todo a más de cuarenta grados. Así de calentitos me los llevé a mi restaurante favorito, Karim´s, en el que probaron un ligero cordero con no menos de 20 especias y seguidamente al mercado de las especias, donde no se llora ni por pena ni por alegría, sino por el chile que flota en el aire y que hace toser hasta a aquellos que llevan trabajando allí toda la vida. A mí me convierte en una criatura patética que continuamente se tiene que sorber los mocos y secar las lagrimas en una estrategia torpe, ya que me restriego todo el chile haciendo que termine de asentarse en casi el último resquicio de mi cuerpo alargando la agonía durante horas, una experiencia que no te puedes perder. Al día siguiente tuvieron la oportunidad visitar Raj Path, y cocerse lentamente al sol de Delhi. Inmediatamente después los metí en un restaurante en Khan Market a que disfrutaran del aire acondicionado. Gran acierto por mi parte, ya que conseguí que la predicción del doctor se cumpliera ese mismo día y el bueno de Pablo se acostó y despertó con fiebre.

Fase 2. El Punjab. Al día siguiente, y por recomendación del guía, se fueron a Amritsar en segunda clase de tren, experiencia que cuando me fue descrita visualicé como compartir un asiento con más cien personas a la vez. Gabi y yo son unimos a ellos en Chandigar, desde donde puedo dar testimonio presencial de los acontecimientos. Allí fuimos torturados durante todo el día por el difunto arquitecto Le Corbusier y su infructuoso intento de poner orden en una ciudad india. Este señor tan ególatra parecía haber hecho la distribución de los barrios con interés particular, maltratarnos a nosotros, específicamente a ese inocente grupo que contaba con dos arquitectos en sus filas. Por alguna razón, parecía que se había ido a la tumba clamando venganza contra sus colegas, ya que iban a ser los únicos realmente interesados en visitar la obra de un suizo que con un juego de palabra daba a entender que se apodaba el cuervo, aunque conozco a más de uno que de entender francés, también se interesaría por el personaje. El espíritu urbanista del arquitecto nos hizo ir de la estación de la zona 46 a la de la zona 17, con el objetivo de comprar un billete a Dharamsala, nuestro siguiente destino. Allí nos dijeron que se compraba en la zona 46, el viaje no fue tan infructuoso, ya que aprovechamos y nos comimos un thali (versión india de nuestro menú del día). Después volvimos a la zona 46, pero nos dijeron que hasta las dos de la tarde no había forma de comprar los billetes, así que decidimos empezar la jornada turística por el principio, la zona 1, donde nos esperaba el parlamento punjabi diseñado por este mismo señor. “Admiramos” su mal conservada obra durante algo más de una hora y nos fuimos otra vez a la zona 46, que está tan alejada de donde estábamos como su propia diferencia numérica indica, con la esperanza de dejar arreglado nuestro transporte. Allí nos dijeron que mejor nos pasáramos a la ocho de la tarde porque no estaba el encargado, seguramente estaría en la hora del thali. Pues a la zona 1 otra vez, a ver el Rock Garden, impresionante.

A las ocho de la tarde, en la Zona 46, nadie nos garantiza que tuviéramos plaza para llegar a Dharamsala en un autobús Deluxe. “¡¡¡NOOOOOOOO!!!”, pude oír en mi interior. Porque a veces pasan esas cosas, la gente te dice cosas que no sabe, porque todo el mundo quiere tener algo que decir. Nos ofrecen la posibilidad de viajar en una lata de sardinas. Miré a los visitantes, lo plantee y concluimos que lo mejor iba a ser irnos en taxi ¿Os acordáis James Bond conduciendo por los Alpes? Pues conducía como una abuelita comparado con nuestro conductor. Creo que pase más tiempo pegado a la ventanilla que al respaldo de mi asiento.

Fase 3. Big trouble in little Tibet. Llegamos a la zona de Dharamsala conocida como Little Tibet, Mcleodganj. Si me pongo en el lugar de nuestro conductor podría imaginarme justificando la inauguración de un nuevo circuito en los Himalaya ante de la federación internacional de fórmula uno. Con una parada en bóxers para cambiar una rueda, solo tardó seis horas en lo que Fernando Alonso hubiera tardado ocho. Por primera vez en la India, la eficiencia nos jugó una mala pasada y es que, como ya se me habrá oído decir, no se puede luchar contra los principios que rigen el cosmos. Llegamos a Mcleodganj a las dos de la madrugada de un viernes, sin reserva de hotel y con la idea de que llamando a la puerta de una recepción encontraríamos un sitio en el que dormir… creo que no hace falta que os diga lo equivocados que estábamos. En las dos calles de la aldea deben de haber unos veinticinco hoteles, hostales y guest houses, a mi me parecieron doscientos. Llamamos a todas las puertas, tocamos todos los timbres y hasta llegamos a tirar alguna que otra piedrecita a alguna ventana. De hecho, en una de las ocasiones metí la mano por una rendija de la que salía una luz y desperté a una inglesa de unos cincuenta años que dormía desnuda y que a esa hora me pareció que podía ser un recepcionista local... pocas veces me he alejado tan rápido de un sitio. Llegado el momento, Pablo y Gabi se rindieron y se echaron a dormir en un banco a la intemperie, el uno por enfermedad y la otra por agotamiento después de una semana de intenso trabajo en el despacho… arquitectos. Así que María, intrépida periodista, y yo, al que el lector no requerirá curriculum, seguimos buscando, ya que no podíamos soportar la triste visión de nuestras parejas en la calle. Bajo la consigna no verbalizada de “cartones o camas” revisamos hasta la última esquina con final feliz. A las cinco de la mañana encontramos una habitación.

Después, coser y cantar. Paseos por las montañas, socializar con los tibetanos budistas que allí se refugian, comer en restaurantes, beber en cascadas, ya se sabe, un par de días en los Himalaya.

Fase 4. Shimla o el peor hotel en el que estado en la India… ya que el peor en el que he estado en mi vida quedaba a una manzana del Ponpidou en Paris, mi hermana puede dar fe. Esta vez usamos el transporte público y deluxe para llegar a Shimla, capital de Himachal Pradesh. Ocho horas en hacer la mitad del camino que había nuestro Fitipaldi punjabi había completado en seis. En esta ocasión, habíamos tenido la precaución de reservar unas habitaciones en un hostal para poder descansar un poco antes de dar una vuelta y ponernos en camino de vuelta hacia Delhi. Primero nos regañaron por llegar dos horas tarde, seguro que a las seis de la mañana se les llenaba el hotel, y como castigo nos metieron en el zulo. Aquella estancia, más que una habitación parecía una agujero escavado en la pared. Afortunadamente para la integridad física del recepcionista, los cuatro estábamos demasiado cansados para quejarnos, luchar y/o desmembrar nadie.

Después de unas horas de sueño tocaba una refrescante ducha, cual sería nuestra sorpresa cuando descubrimos que nuestro baño no disponía de tan extravagante servicio, en su lugar, la recepción del hostal se vanagloriaba de ofrecer agua caliente y palanganas a sus clientes. Mi gozo en un pozo, bueno, en un cubo, que fue lo que tuvimos que usar para ducharnos ¿Puedo usar ese verbo para referirme a esa acción?

La ciudad es una suerte de Oxford montañoso en la India, no se me ocurre una forma mejor de definirla. Durante la ocupación británica servía de residencia de verano para los gobernadores ingleses, ahora está llena de colegios y universidades para las elites del país. Pero si algo destaca en esta ciudad es que alberga el restaurante en el que sirven la peor pasta del mundo, ni siquiera las impresionantes vistas del valle compensan tan exclusiva experiencia.

Finalmente, decidimos volver a Delhi en taxi. A veces hay que darse un gusto al cuerpo. Pablo y María siguieron su viaje al día siguiente y yo puedo dar fe de que sobrevivieron. Dice la leyenda que todavía se les puede ver por las calles de Ponferrada…

Por cierto, aquí os dejo la versión de Pablo de la misma historia y si queréis ver versiones suyas de otras historias, os recomiendo que le echéis un vistazo a su enmisitio.

domingo, 2 de mayo de 2010

Los visitantes.

Después de un año y medio en la India me he dado cuenta de que he perdido algo de perspectiva sobre lo que pasa a mi alrededor, las cosas no me impresionan lo más mínimo porque ya no solo son verosímiles, sino que son parte de mi cotidianidad. Ni siquiera percibo que la gente me mira fijamente por la calle, porque por alguna razón pienso que me he fundido con el paisaje. Creo que por chapurrear cuatro frases en hindi el conductor de rickshaw o el tendero no van a pensar que soy un guiri con una guía de “Frases para no parecer tan guiri” de Lonely Planet. Y me ofende, me duele, cuando me tratan como a un turista y les digo “Hey!!! I´m living here!!!” y ellos piensan “Y yo tengo un apartamento en Picadilly Circus, pero como soy adicto al peligro me dedico a llevar a gente de un lado a otro de Delhi por dos duros”. Los únicos momentos en que me doy cuenta de que estoy viviendo una experiencia que antes me hubiera parecido increíble es cuando llegan la visitas. Con ellas me permito el lujo de volver a visitar esos lugares que quedan lejos de mi itinerario habitual e incluso de ver esos monumentos que no he visitado todavía porque tenía todo el tiempo del mundo y que nunca visite porque ya se había apagado la llama del fervor turístico en mi interior.
Recapacitando sobre el tema, he llegado a la conclusión de que hay tres tipos de visitas, las queridas, las impuestas y las inesperadas. Las primeras, salgan bien o mal te las tienes que tragar porque tú has sido el que ha insistido en invitarlas. Justo antes de irte les dijiste “Pero vas a venir a verme, ¿no?” “Claro, eres la primera persona que voy a ir a visitar. Dame un par de meses y me tienes allí” Por supuesto que, en la mayoría de los casos, no va a pasar. No te estás yendo a vivir a Burgos, te vas a la otra punta del planeta, a otro continente y a veces hasta te da la impresión de que a otro planeta. Esa gente, por mucho que te quiera, tiene una vida, trabajos, hobbies, familias, novias/os, algunos hasta mujeres/maridos y por lo general lo único que no tienen es mucho dinero. Pero se da el caso de que alguno piensa “¿Y cuándo voy a tener una oportunidad mejor de conocer un sitio que de antemano me imagino hostil que ahora que tengo un sitio en el que quedarme?”Pensamiento muy legitimo. Esta es la que conocemos como visita deseada.
Las visitas impuestas, por otra parte, se basan en la supuesta solidaridad que debes tener con alguien que viene a las India por la simple razón de ser extranjero y, en nuestro caso concreto, occidental. Es cierto que de alguna forma sientes el deber de servir como improvisado filtro entre las dos realidades, la de la calle y la del guiri en cuestión. Yo tuve la suerte de que Gabi llevaba más de dos meses en Delhi cuando llegué… ella no la tuvo y se acabo chocando con Mr. Purri y con una vaca mientras intentaba cruzar la ciudad en bicicleta. Por lo general estás visitas no tienen nada que ver contigo, vienen de rebote, de parte de uno de esos amigos que no van a ir a verte o, en ocasiones, de un conocido al que casi no conoces y te encaja a uno de esos amigos terceros… gente que hace suya tu hospitalidad e invitan a gente a tu casa, me imagino que esperando que al final alguien les dé las gracias. Y el tercer tipo de visita, es gente que aparece en tu casa asumiendo que tienes comida y alojamiento para ellos por la misma razón antes descrita, solidaridad. Se parecen mucho a la segunda pero se diferencia en que nunca tienes muy claro como han llegado.
Desde que estamos aquí hemos tenido todo este tipo de visitas. Haciendo balance se puede decir que todas han tenido un final feliz: la visita ha seguido su camino, cada una con destinos distintos pero siempre lejos de nuestro hogar. También se puede decir que el 90% de estas visitas han quedado horrorizadas por la intensidad, tráfico y polución de Nueva Delhi, cosa que al principio me ofendía un poco. Esto es por culpa del ridículo sentido de pertenencia que desarrollo en el momento en que me instalo en una ciudad, Gabi diría que es porque me gusta todo… a mi me gustaría matizar diciendo que casi todo. Pero al final he sabido verle el lado más práctico, ya que a la visita en cuestión le entra una irremediable prisa por largarse a conocer cualquier parte de la India que no tenga nada que ver con esta ciudad. Esto no nos pasaría si viviéramos en Londres, Paris o Nueva York, allí la visita estaría durmiendo en nuestro minúsculo estudio durante días e incluso semanas, lo sé porque yo mismo he sido una de esas visitas.
Tampoco se puede ser tan injusto con el visitante, que también hace un sacrificio bastante grande… titánico dirían muchos, aguantándome a mí y tragándose por educación o inexperiencia todo lo que tengo que decir sobre este país. En mi argumentación me oyen hablar de política, sociología, historia, ética, arquitectura, urbanismo, lingüística, economía, filosofía, cine, literatura, música, arte, etc… sin que justifique casi nunca mis fuentes. Nunca sabré si realmente se fían de mi experiencia, mi cultura y de mis informadores o si se pasan todo el discurso pensando “El dinero no compra la felicidad, pero si la mano de obra de un sicario. Debería de haberme ido a un hotel.”
Esta entrada ha ido sido supervisada y aprobada por una visita que seguramente se haya sentido coaccionada a autorizar su publicación. Eso me da el mismo tipo de autoridad moral que cree que tiene la gente cuando dice “tengo un amigo…… (sustituir la línea de puntos por gay, negro, gitano, etc...)” antes de poner verde al colectivo en cuestión.
A veces puede ser difícil intentar ser gracioso y no herir sensibilidades ajenas, espero que nadie se sienta ofendido por esta entrada que, por supuesto, dedico a todas y cada una de las visitas que han pasado por Delhi, incluso a las que mean en botellas y luego las dejan en la cocina, porque gracias a ellas he tenido la oportunidad de conocer un poco mejor esta ciudad.

PD: Cualquier parecido entre esta entrada y la ley de inmigración de Arizona, será producto de la retorcida imaginación del lector (ya que la del autor ha caído a posteriori).

jueves, 1 de abril de 2010

El incidente de la paloma, el huevo y el aire acondicionado.

Prácticamente, desde que Gabi y yo llegamos a nuestra nueva casa, nos hemos visto acosados por una pareja de palomas que habían decido instalarse en el aire acondicionado de nuestro dormitorio… un momento, si lo pienso con detenimiento, puede que coincidiera con el momento en el que el genio que nos instaló el retrete nos puso también el timbre que simula abucheo de cientos de palomas, eso debe de ser lo que llaman humor indio.
La cuestión es que todo indicaba que esas ratas voladoras eran aficionadas a darse, todos los días, un homenaje vespertino. Nada mas amanecer, parecía que vivíamos en uno de eso moteles que también se pueden pagar por horas. En un par de ocasiones intenté poner freno a tan primaria actividad como se hacía antes, con una escoba y al grito de “¡¡¡Degenerados!!!”. Pero cada día volvían a montárselo en el balcón, hasta que al final acabamos por acostumbrarnos, era parte de nuestra rutina para empezar el día, justo antes de desayunar, piadas de pasión. Entonces, llegó el invierno y solo el frio fue capaz de apagar su ardiente líbido.
Después me fui a España y me olvide de las palomas de Nueva Delhi, para poder concentrarme en los cerdos de Jabugo, las vacas de Ávila y en los primero peces y luego pescados de Cádiz.
El episodio que nos ocupa empieza a mi vuelta de España a Delhi, hace menos de una semana. Cuando descubrí que con la llegada del verano (porque aquí la primavera no existe a efectos prácticos), la pareja había vuelto a su residencia estival. Acostumbrado a los lujos de la vida occidental, las palomas me mosquearon bastante ¿Cómo se les ocurre despertarme a ese par de viciosas? En España, la civilización, te despierta el departamento comercial de telefónica a las ocho y media de la mañana. Como hasta ese momento y por culpa de las cosas del lenguaje, pensaba que la pareja de palomas era lesbiana, yo, que soy una persona muy tolerante y progresista, decidí respetar su amor furtivo en un entorno tan hostil como es el de las aves en la India.
Pero como todo el mundo sabe, la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Y aunque los límites nunca están tan claros, yo los puse en el momento en el que, agobiado por el tórrido calor, quise encender el aire acondicionado y sencillamente no funcionó. Es fácil que se nos acabe la paciencia hasta a los más tolerantes y progresistas como yo. Así que armado con mi escoba, fui a echar a esas dos malditas ocupas, que horror… empiezo a hablar como un propietario, ya me lo avisaron, eso es que me estoy haciendo mayor.
Con todo el sigilo del que era capaz, salí al balcón, armado con la escoba y con la intención de evaluar la situación para poder diseñar un plan de acción. Inesperadamente, la primera paloma me atacó por sorpresa, era tan rápida que parecía que estaba en todos lados a la vez, era enormemente ágil y astuta. La lucha fue encarnizada y honorable, y si no fuera porque, como ser humano, estoy dotado para el uso de herramientas, seguramente hubiera muerto a picotazos o por el ácido que contienen los excrementos de las palomas. Como os podéis imaginar, gané la primera batalla, pero todavía me quedaba una mucho más dura que luchar, una en la que también estaba en juego la más profunda esencia de mis valores humanos.
Cuando la primera paloma estuvo fuera de mi enrejado balcón, me subí a la barandilla para poder ver por encima del aire acondicionado y vi a su pareja, tenía la vista perdida y parecía no haberse dado cuenta de lo que acababa de pasar. La empujé un poco con la escoba y entonces descubrí la razón de su apatía, estaba empollando un huevo. No eran palomas lesbianas, me sentí un poco decepcionado y avergonzado por mis prejuicios. Aun así pensé, “¿Es correcto hacer lo que voy a hacer?”, sin encontrar respuesta, la pregunta se quedó en retorica y terminé de empujar a la paloma fuera del aparato. Mi buen amigo Pablo, actualmente en la India con su encantadora novia María, me asistió eficientemente acercándome el cubo de basura, y en una intrépida maniobra, atrapé a la madre que no se resistió todo lo que yo esperaba. Como no tenía como echarla por ese balcón, tuve que atravesar toda mi casa con el ave en el cubo (gran título para una novela… o para un capítulo de “Bones”). Al llegar al otro balcón, antes de lanzar la paloma al vació y comprobar si era capaz de volar, pensé que lo más inteligente sería echar un vistazo por si había alguien que se pudiera ofender con mi actitud hostil hacia el ave en cuestión, nunca se sabe con la sensibilidad de estas gentes. Efectivamente, allí estaba mi vecina, siempre de guardia en su balcón, no fuera a ser que pasara algo en nuestro callejón sin que ella se enterase, ya le he sugerido que se compre una tele, pero creo que es dura de oído. Así que después de analizar todas las posibilidades, me decidí a lanzarla al balcón del vecino al burocrático grito de “Pase por la ventanilla de al lado”. Ni siquiera tocó el suelo, la paloma salió volando hacia el otro balcón. Maldije en alto, lo confieso. Fui corriendo al que era su posible destino, justo a tiempo para evitar tener que repetir la aventura tapando el hueco por el que entraban con los restos de un contador de electricidad que el “manitas” había dejado abandonado.
A partir de ahí todo fue coser y cantar. Primero recoger el palpitante huevo y hacerle un tour por la casa, eso sí, con mucho cuidado, porque con un huevo nunca se sabe lo que lleva dentro en realidad… imaginaos, en la India. Después, un debate con mis invitados sobre el destino del huevo y las implicaciones éticas de la decisión, y finalmente, un veredicto en toda regla, “Las palomas son seres repugnantes y molestos, por tanto no es incorrecto desechar el huevo”. ¿Cuándo se convirtió el símbolo de la paz en un ser tan asqueroso y de costumbres tan impúdicas? ¿O es que en realidad siempre lo ha sido? Eso explicaría porque es tan poco competente en el cumplimiento de sus funciones, se pasan el día revolcándose por aparatos de aire acondicionado ajenos, en lugar de estar en Pakistán, aquí al lado, simbolizando como es debido.