lunes, 14 de marzo de 2016

Paraíso Perdido en Puentes MX.


Análisis del guión de “Paraíso perdido”, dirigida por Humberto Hinojosa y co-escrita por Antón Goenechea y Humberto Hinojosa.


Conversacion con Humberto Hinojosa y Antón Goenechea sobre Paraíso Perdido, conducida por Erick Estrada y Hugo Corona en el programa Cinegarage de Puentes MX.

miércoles, 10 de julio de 2013

The Shadow Line.



“It´s alright. You are a good cop, but whether you are a good person… well, that´s not for me to say.” Le dice Gatehouse al inspector Jonah Gabriel. Con esa frase resume el conflicto del personaje y de la mayoría de individuos que pululan en The Shadow Line.
Escalofriante y perfectamente contada, esta serie es una de esas raras bellezas que produce la BBC. Una serie de siete episodios que se cuentan con precisión novelesca y que se cierra con maestría (Ojalá que nunca se hagan mas temporadas). Los fundamentos narrativos de esta serie están arraigados en la complejidad del género negro americano de la primera mitad del siglo veinte, y que pareció hacerse inservible después de que el caso Watergate despertara a la sociedad norteamericana de su largo sueño idílico. Antes de eso, el género negro era el encargado de mostrar ese lado oscuro y corrupto de la sociedad, la fina línea por la que se debe andar cuando se quiere mantener el orden. Y de como los guardianes de esta línea se deben de convertir en muros, con un pie de cada lado, para evitar que los dos mundos se mezclen. Los protagonistas eran outsiders ajenos a las actividades ilícitas de las mafias y criminales, al mismo tiempo que a los tejemanejes de los representantes de la ley. Conocidos y despreciados por todos, pero obcecados con la verdad y un principio de justicia muy personal.
The Shadow Line cumple con el género con una lealtad absoluta, pero es una serie británica, lo que significa que hablamos de gente acostumbrada a cuestionar a sus dirigentes y el sistema en el que viven. Y no le quepa la menor duda al potencial lector de este artículo y espectador de la serie que The Shadow Line cuestiona (me imagino que metafóricamente) la esencia de las estructuras en las que se sostiene las relaciones en esa fina línea. 
Quizás la sombra a la que el título hace referencia, también se refiera involuntariamente a la que proyecta este muro y provoca la luz de los inocentes e ignorantes. Lo bueno y lo malo se convierte en una cuestión de perspectiva para policías y mafiosos. Parece existir una sola verdad absoluta y es que solo eres tú en relación a los tuyos, y los tuyos son tu familia, ya sea un cuerpo de policía corrupto hasta la medula, la organización criminal de asesinos y narcotraficantes o literalmente tu propia familia.
No es de extrañar que los protagonistas que guían la historia sean personajes que, de una forma u otra, son ajenos a las “familias” con las conviven siendo fieles a sus familias reales, de donde surgen sus conflictos mas profundos. Por una parte, tenemos a Jonah Gabriel, un inspector de policía que perdió la memoria tras recibir un balazo en la cabeza y que vive sumergido en una investigación con el verdadero objetivo de redimirse a si mismo ante la sospecha de ser un policía corrupto, y que además vive una suerte de doble vida familiar. Por cierto, interpretado por Chiwetel Ejiofor, que protagonizó una de mis películas favoritas de la última década Dirty Pretty Things (Stephen Frears, 2002) escrita por Steven Knight. Y luego tenemos a Joseph Bede, un florista reconvertido en narcotraficante que, por azares del destino, ocupa el puesto de jefe de una organización criminal de la que quiere escapar en cuanto recupere el dinero que invirtió para volver con su mujer enferma de Alzheimer. Ambos son hombres de naturaleza justa y razonable, con motivaciones diferentes pero con roles parecidos en sus respectivos entornos. Viven rodeados de personajes se refugian permanente en la oscuridad, personajes llenos de secretos que nuestros protagonistas ignoran. Tampoco podemos olvidar la tenebrosa presencia de Stephen Rea en el papel de Gatehouse, quien, junto a Antony Sher, se lleva el premio a la mejor subtrama de la serie.                                  
El rol de la mujer en esta serie, que muchos podrían calificar de potencialmente misógina, es el aparentemente comun en el film noir. Personajes secundarios que despiertan los mas primitivos instintos de los hombres: pasión, protección y venganza. Pero al mismo tiempo da la impresión de que ellas ven ese mundo de hombres con desprecio y autosuficiencia. Sin ningún interés en participar en los juegos de la testosterona. Merece la pena verla hasta el final.
Es una historia contada con la máxima crudeza y violencia, es sangrienta y explicita, pero no de la forma en que lo es la obra de Tarantino. Esta serie está plateada en un universo en el que, gracias a la clásica iluminación de genero negro, las localizaciones reales adquieren la cualidad del decorado de cine. La luz existe o no existe, o el personaje esta en la absoluta oscuridad o totalmente expuesto y por tanto en permanente peligro. Ese es el mundo en el que se mueven, no existe el perdón ni la reinterpretación, no hay zonas grises, no hay excusas para cruzar la línea. 
            Con todo, hay que decir que quizás la serie tarda un poco en capturarte. El planteamiento es algo frio y tardas en entender que personajes tienen verdadero peso en trama (siempre que no hayas visto el cartel). Es inevitable el look videoso de las series de la BBC, pero en este caso es particularmente notorio y la banda sonora parece un sound-alike de la música de Vikings (History Channel, 2013) aunque esta serie se estrenó en el año 2011. Pero lo mas incomodo es tener que verle los labios a Kierston Wareing.
            Este artículo surge de un proyecto común con mi buen amigo y fantástico escritor Jithesh Prabhakaran, que recientemente ha empezado a escribir un blog llamado Hardboiled y con el que comparto una ciega pasión por el género negro.  Nuestro proyecto consiste en escribir diferentes críticas sobre The Shadow Line. Este es su texto sobre la serie, "Shadow inside The Shadow Line". Merece la pena leer todos sus escritos con atención, y si el lector no lee en ingles, Jithesh le recomendará usar Google Translate (así lee él mis textos).

sábado, 29 de junio de 2013

Cupcakes: pasteles de diseño.


Artículo publicado en la revista tuit en junio del 2013.


PASTELES DE DISEÑO.
Por Antón Goenechea Caballos

Desde hace un tiempo he podido percibir el crecimiento de una plaga terrible a mi alrededor, los cupcakes. Sin miedo a ofender a cualquiera que amablemente haya compartido conmigo esta aberración de la repostería, tengo que decir que estoy convencido de que estamos ante una de las mayores conspiraciones a las que se enfrenta la humanidad en la presente década.
Según Wikipedia, los cupcakes son un postre tradicionalmente norteamericano y la primera referencia histórica se encuentra en un libro de recetas de cocina de finales del siglo XVIII. Su popularización internacional le llego con numerosas referencias en la serie de HBO, Sex and the City. Demostrando una vez mas que la libertad que la cadena ofrece a sus producciones a veces nos hace pagar un precio muy alto a todos.
Creo que hace unos seis años vi la primera tienda dedicada exclusivamente a la venta de cupcakes en mi vida, eso fue en el barrio de Malasaña en Madrid. En un primer momento pensé que era un negocio muy original y decidí apoyarlo comprando un muffins (o magdalenas, como las llamamos en España) con algo que en ese momento identifiqué como una especie de nata insípida de color naranja y que ellos llamaban frosting de zanahoria. Hice lo que pude para ocultar mi profunda decepción después de haber pagado el 500% del valor de una magdalena cuyo único aliciente era el color de su decoración. Conseguí guardar aquella terrible experiencia en el lugar mas remoto de mi subconsciente y así poder seguir respetando a todos los jóvenes emprendedores del mundo. 
Afortunadamente, durante muchos años pude vivir ajeno a esta aberración, hasta que, poco después de llegar a México, pude ver florecer a mi alrededor una serie de establecimientos dedicados única y exclusivamente a la venta de cupcakes. En un primer momento sentí la misma reafirmación por el pequeño y valiente empresario que se lanza al vacío en el mundo de los negocios, pero por alguna razón la iniciativa se fue replicando a la velocidad del rayo. La gente empezó a llevar cupcakes a reuniones familiares, al trabajo, a casa de los amigos, a ver el Superbowl... la pesadilla empezó a hacerse más y más presente en mi vida hasta que acabé viéndome a mi mismo en un evento social, con el dedo impregnado en frosting que intentaba esconder debajo de una mesa y que finalmente acabo embarrado en mis pantalones (Hay que decir que aunque el glaseado se me hace repugnante, el bizcocho suele estar buenísimo).
En el 2010, la todopoderosa estrella de televisión Martha Stewart publicó un libro de cocina exclusivamente sobre el tema y un año después se estrenó la Sitcom norteamericana 2 Broke Girls, que cuenta la historia de dos chicas que trabajan como meseras y que quieren montar un negocio de cupcakes. Además en This is 40 (2012), dirigida por mi admirado Judd Apatow, el personaje de Paul Rudd es un adicto a los cupcakes. Quizá esté loco, pero las señales están ahí fuera, un postre tradicional americano, de los peores diría yo, que en menos de cinco años se vuelve omnipresente en cine y televisión, que coincide con la aparición de una serie de negocios no solo en EEUU, sino en todo el mundo… esto solo puede ser una conspiración para mantener su imperialismo culinario que en su momento empezó con Coca Cola, siguió con McDonalds y continua feroz con los Brunchs y la comida orgánica. O puede que seamos todos unos estúpidos que compramos la primera estupidez que nos ponen delante solo porque nos dicen que está de moda… No, sin duda debe de ser una conspiración.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Los grandes directores también se hacen viejos.



Hay algo que me sucede últimamente y que me preocupa sobremanera, y es que cada vez que salgo del cine de ver una de esas películas que espero durante meses, me siento profundamente decepcionado. Sobre todo en lo que se refiere a sus ilustres directores (Ridley Scott, Woody Allen, Oliver Stone,…) los únicos que se han salvado con nota alta son Cronenberg con A Dangerous Method y algo mas raspado Christopher Nolan, con la última parte de su trilogía de Batman. Lo que más me preocupa en este asunto no es que las últimas películas de estos realizadores tengan mejor o peor factura, sino que yo estoy desarrollando unas tendencias críticas tan estrictas que me incapacitan de disfrutar la película una vez me he sentido decepcionado durante la exhibición. Esto implica la pérdida de la que para mí era la esencia de mi gran virtud como cinéfilo, la capacidad de disfrutar con casi cualquier cosa independientemente de ser consciente de su calidad. Poder poner las cosas en su sitio para así disfrutar de casi cualquier tipo de obra a audiovisual y encontrar las virtudes de la misma.

Todo empezó cuando fui a ver Prometheus de Ridley Scott, desde entonces todo ha ido cuesta abajo. Y es que una de las reglas más importantes  tanto para ir al cine, como para no pegármela sistemáticamente en la vida, es no dejarme superar por la expectativas, cosa que en esta ocasión y debido a la excelente campaña promocional de la película no fui capaz de cumplir, por lo que me senté en la sala absolutamente cegado de optimismo. Finalmente no puedo decir que la película me decepcionara del todo, aunque la sensación de que se banalizaba la ciencia ficción de Kubrick, Tarkovsky, Sagan y Asimov, intentando encajar un discurso existencialista en el marco de las reglas del juego comercial me hizo sentir algo incomodo. Además, según va avanzando la película parece que al director le empieza a faltar tiempo para contar su historia y eso es algo que me hace sentir profundamente triste, ya que se echan en falta episodios que parecen cercenados en pos de poder encajar mas funciones en las salas de cine en una misma tarde. Así que con mal sabor de boca y concediéndole el beneficio de la duda, ya que en Kingdom of Heaven le pasó precisamente eso, me quedaré esperando a la versión en DVD o Blu-ray, con la esperanza de que ese sea el caso de las dolencias de la película y no la fundada teoría que mi cuñada y yo estamos desarrollando sobre una criatura obsesionada con hacer dinero que fagocitó al talentoso director de Alien, Blade Runner y Black Hawk Down.

Y no sé si será que la sombra de los treinta se acerca imparable a casi un mes del momento en que escribo este artículo, pero con la vitalidad del que quiere seguir sintiéndose un joven casi adolescente (los poderes de la negación) no consigo entender como un director tan complejo, talentoso y experimentado como Oliver Stone puede hacer una pantomima de actores guapos con una factura menor que la muchos videoclips y sin duda, con un guión mucho menos interesante que la mayoría, aunque sea una adaptación de la novela homónima Savages, de Don Winslow, un best seller del 2010, que según los críticos es una obra excelente. Si me dijeran que era una película de McG o de Michael Bay seguramente sería más indulgente con el resultado final, pero probablemente las expectativas me volvieron a traicionar ¿Pero que me podía esperar del guionista de Scarface haciendo una relectura del narcotráfico en los tiempos modernos? ¿Cómo quieren que entre en una sala de cine a ver lo último del director de Platton, JFK o Natural Born Killers, asumiendo que ya es un señor mayor sin el mismo interés de antes por contar historias? Caso prácticamente idéntico el de Woody Allen, que en su afán de hacer una película al año, acaba de estrenar uno de sus filmes más flojos y menos dirigidos de su carrera, To Rome With Love. Y digo menos y no peor dirigidos porque al ver la película da la sensación de que ni se preocupó por dirigir a los actores, ni por elaborar la puesta en escena, ni por generar encuadres medianamente estéticos. La película no tiene ni una pizca de Roma, ciudad que le da título y en la que se supone que se desarrolla, como lo tenía Nueva York en casi todas sus grandes obras, Londres en Match Point o Barcelona en Vicky, Cristina, Barcelona. Además todos los actores se limitan a hacer su propia versión de Woody Allen durante la película excepto Alec Baldwin y Roberto Benigni, que se les da mejor hacer de ellos mismos. De la película no hay mucho más que decir aparte de que el guión pertenece a los lugares comunes de todo el cine de Allen y que como siempre se encuentra plagado de muy buenas ideas.

Y a todo esto, el bueno de Christopher Nolan, dando respuesta a las críticas sobre The Dark Knight Rises, me recordó la grandísima lección al decir que no es que su película fuera mala, es que las expectativas sobre ella eran demasiado exageradas.  Menos mal que leí aquella entrevista antes de entrar en el cine, ya que disfruté muchísimo de la función.

Afortunadamente este año (como todos) lo va salvando la literatura y he podido disfrutar de libros nuevos como la novela Freedom de Jonathan Franzen y otros más viejos como Los pajaros de Bankog de Manolo Vázquez Montalván, y del acido ensayo A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again (Cosas supuestamente divertidas que nunca volveré a hacer) de David Foster Wallace, bendito Kindle. Y como ya dije antes, no se pierdan la hermosa película de David Cronenberg A Dangerous Method.

Publicado en el número de noviembre de NYLON México.

jueves, 5 de julio de 2012

We all love festivals.



Según un par de artículos bastante flojos de Wikipedia, los dos primeros festivales rock de la historia fueron en el norte de California durante dos fines de semana seguidos en junio de 1967. El primero fue el Fantasy Fair and Magic Mountain Music Festival y el siguiente el Monterey International Pop Festival, en los que tocaron Jefferson Airplain, The Who, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Ottis Redding, The Mamas and the Papas, The Doors, Canned Heat y muchos más de los que nunca he oído hablar o me suenan de la pila de discos mi padre. Los festivales que predicaban la libertad, la tolerancia y la paz se pusieron de moda inmediatamente y solo dos años después, en 1969, se celebró uno de los mas importantes de la historia, Woodstock, cuyo cartel anunciaba “An Aquarian Exposition: 3 days of Peace and Music”, una vocación que muy en el fondo no ha cambiado hasta nuestros tiempos, aunque ahora son grandes empresas y corporaciones las que se lucran de tan honorables sentimientos, que sorpresa. De aquel festival se conserva una maravillosa película dirigida por Michael Wadleigh y editada nada mas y nada menos que por Martin Scorsesse y por Thelma Shoonmaker.

Lo que si parece haber cambiado es la percepción que se tiene de ellos. Ahora, el concepto de festival de rock es inherente al de la música moderna, no al de una especie de reunión de barbudos hediondos dedicada al sexo libre y al consumo de drogas… bueno, quizás no haya cambiado tanto, solo que ahora es absolutamente fundamental asistir a estos eventos multitudinarios para saber que se está al día en todo lo que se refiere a estar al día. Y según me cuentan algunos expertos en el tema, en países como España, donde hay prácticamente un festival por cada cien habitantes, el efecto puede ser contraproducente. Asistir a un mínimo de un festival durante el verano es una actividad obligada en mi país, en la mayoría de los festivales tocan las mismas bandas durante toda la temporada y debido a la apretada agenda de estos, solo pueden tocar unos cuarenta minutos cada una ¿Cuál suele ser el objetivo de la banda entonces? Sencillamente captar mas adeptos, hacerse ver como lo mas cool, en el entorno mas cool y así poder llenar los locales en los que tocaran próximamente pudiendo mantenerse de lo que hacen. Pero como en la mente de mis compatriotas es una estupidez volver a ver a la misma banda dos veces en el mismo año, aunque toquen el doble de canciones, mas encore e incluyan la posibilidad de tomarte una cerveza con ellos ¿Y quien sabe? Quizá una noche loca de rock & roll (muy improbable, aunque con muchísimas mas posibilidades que en un festival), resulta que los conciertos en bares y recintos medianos ya no son un negocio. 

El año pasado tuve la posibilidad de trabajar para un medio de comunicación durante el Vive Latino (el festival mas grande de Latinoamérica) y pude ver todo lo que hay detrás de estos mega-eventos, la gigantesca cobertura, lo brutal de la inversión y la enorme implicación e influencia de distintas marcas en la organización. Y a pesar de eso la cantidad de pasiones que levanta y el hecho de que un festival de música pueda movilizar a esa cantidad de gente en la ciudad mas grande del mundo es maravilloso. Recuerdo que, como se acabaron las entradas, la gente se movilizó para dar un portazo (entrar masivamente en un lugar por la fuerza) y todo para ver la vuelta de Los Caifanes, una banda que la mayoría de esos chavitos no habían visto nunca en directo.

En mi opinión un festival de rock es la experiencia más cercana a la adolescencia en la que puede estar involucrado un adulto contemporáneo. Y espero que quede claro que no hay un resquicio de crítica en este planteamiento. Es el ocio por el ocio. Uno, dos o tres días en los que ni siquiera puedes contestar al teléfono porque o no tienes cobertura, o se te acabó la pila, o sencillamente es imposible que lo oigas porque estas rodeado de una inmensa ola de decibelios. En este contexto vives en perfecta conjunción y armonía con tus acompañantes. Compartes todo con ellos, lo bueno y lo malo, la incomodidad de dormir en una tienda de campaña o en su defecto andar muchos kilómetros desde el aparcamiento u hotel en el que te alojas hasta el recinto de conciertos. El estrés que supone planificar tu experiencia ya que siempre vas a tener que elegir entre bandas que te gustan y aquellas que tienes que ver, porque están programadas a la misma hora y desgraciadamente no te puedes separar de tus compañeros sin correr el riesgo de no volverlos a ver nunca más. Pero sobre todo compartes la recompensa inmediata que es ver y a veces descubrir a tus bandas favoritas. Y después, ese éxtasis se queda permanentemente grabado en tu cerebro provocando una sensación de hermandad única en los tiempos que corren.

Por supuesto que no todo en mi discurso es sarcasmo e ironía. Yo como cualquier otro ser humano, estoy deseando ir a Coachella y a Lollapalooza el año que viene. Además puedo decir que una de las experiencias mas trascendentales de mi vida tiene que ver con el festival Werchter Rock 2008 celebrado en Bélgica. Todavía, cuando repaso las fotos de Facebook de aquellos días pienso “Me sobraban unos kilitos” y  “Es imposible que no fueran capaces de captar lo realmente maravilloso de aquella experiencia”.

lunes, 16 de abril de 2012

Mi nombre en la ficción.




 

Todos somos inevitablemente protagonistas del libro, película o canción que narra nuestras vidas. Somos el centro de nuestra existencia solo porque es nuestro cerebro, dentro de nuestras cabeza, el que interpreta las sensaciones que nos transmiten nuestros sentidos. Podemos valorar que nuestra existencia no es lo suficientemente interesante como para compartirla o intentar acosar sistemáticamente a los que nos rodean con ella. Normalmente, esa valoración se hace superada la adolescencia, aunque aumentan los casos de adultos estancados en la primera quincena de sus vidas. Creo que de forma natural la mayoría de la gente con pretensiones narrativas de algún tipo empieza por el ejercicio de hablar de ellos mismos antes de hacerlo sobre los demás (cosa que demuestra que nuestra necesidad de generar ficciones e historias es parte de nuestra naturaleza). Así, el fotógrafo que hace una foto de sus pies, de alguna manera se coloca como protagonista de su obra mas amateur con un autorretrato, y el que guarda un diario o escribe un blog sobre su propia vida y experiencias, para su uso privado o con la intención de compartirlo con sus amigos, esta haciendo lo mismo. Obviamente hay una gran diferencia entre estos ejercicios y autores que se convierten a si mismos en el centro de sus carreras creativas, no como simples maniquíes, sino que ponen bajo el microscopio su cotidianidad, sus familias o sus experiencias pasadas. Las someten a sus mas que rigurosas valoraciones diciendo o dando a entender sobre si mismos lo que no querríamos que nadie dijera sobre nosotros. Siguiendo el orden común de mis artículos hablaré brevemente sobre tres de ellos: Harvey Pekar, Alan Berliner y Charles Bukowski.

Lo que mas me sorprende de Harvey Pekar es el hecho de que hasta que no me puse escribir este texto, no me enteré de que llevaba dos años muerto ¿Cómo es posible que la muerte de uno de guionistas de comic independiente mas importantes no tuviera ninguna trascendencia? Obviamente no es como si se hubiera muerto Spielberg, pero creo que no ha habido un solo día en los últimos años en el que no haya leído el periódico y, aunque no soy muy aficionado a los obituarios, creo que hubiera podido encontrar su nombre en cualquier sopa de letras ¿Por qué tanto escandalo? Por que me parece terriblemente injusto que un hombre que se hizo protagonista de su propia obra no pudiera escribir sobre un evento tan estresante como su propia muerte, aunque si escribió sobre la primera vez que lucho contra el cáncer en Our Cancer Year. Los aficionados al cine recordaran la adaptación de su obra al cine en la película American Splendor, que en el 2003 le abrió la puerta al resto de los no aficionados al comic de la obra de Pekar, después de ganar el festival de Sundance. Pues bien, dentro de está obra existe una reflexión muy interesante sobre lo importante que es nuestro nombre en nuestra existencia. En ella Pekar nos cuenta como, el día que tuvo su primera guía de teléfono se buscó a si mismo y encontró a otras persona que compartían el mismo nombre y sintiéndose vinculado a ellas, pudo imaginar como eran sus vidas a través de sus apariciones y desapariciones en la guía.

A Alan Berliner lo descubrí en mi clase de guion documental hace ya casi 10 años. Es un documentalista americano que centra su trabajo en cuestiones que afectan su propia existencia. Su obra mas fascinante en mi opinión es Nobody Business, en la que a través de una entrevista con su arisco padre construye un fascinante discurso sobre la identidad de su familia y la suya propia. De hecho esa búsqueda se extiende a lo largo de su carrera incluyendo otro fascinante corto documental llamado The Sweetest Sound, en el que encuentra a 12 hombres de todo el mundo que tienen su mismo nombre y los invita a cenar a su casa. Este señor dice que no hay nada en este mundo que suene mas dulce con el propio nombre y plantea el problema que se genera al existir mas de una persona con el mismo nombre.

            No hubiera sido honesto por mi parte no incluir a Charles Bukowski, el gran autobiógrafo que se descubre en la adolescencia o temprana post-adolescencia y que nos enseña como la vida de un vago puede estar llena de aventuras y como no hay nada demasiado trascendente. Como, para ser un mejor  amante hay que ser un hombre ocioso y como el lambrusco es la mejor manera de mantener el borracho cuando no tienes ni un centavo. Pero sobretodo nos ayuda a comprender el valor de la autobiografía. A diferencia de Pekar y de Berliner, Bukowski nunca se cuestiona su identidad a través de su nombre sino que inventa un alter ego, Henry Charles “Hank” Chinaski. Según el mismo escritor, esto le ayudaba a verse a si mismo como un personaje de ficción. La primera novela que leí de Bukowski fue Pulp, que no contiene ni la mas mínima intención autobiográfica aunque el protagonista siempre te lleve al mismo sitio. Enseguida leí Post office, su primera novela publicada y me di cuenta de que era el lógico primer paso para descubrir su obra y su vida.
           
            Estos tres autores se convirtieron a si mismos en personajes de ficción, incluso Berliner, a pesar de ser autor de documentales se simplifica a si mismo para hablar de su entorno. Los tres generaron obras importantes, trascendentes, divertidas e inteligentes, basadas en la vida diaria. La pregunta es: ¿Por qué con estas obras al alcance de la mano, sigue siendo tan divertido ver a las Kardashian?

lunes, 5 de marzo de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

Pequeña reflexión sobre la empatía.

Este artículo estaba destinado a ser publicado en el número de doble de diciembre/enero, pero por problemas de espacio en la revista, finalmente se ha publicado en Febrero, espero que os guste.

Cuando reviso los textos que he escrito en los últimos dos años me doy cuenta de que uso el verbo empatizar en casi cada uno de ellos. En cada ocasión en el que lo he escrito, tanto el infinitivo como cualquiera de sus declinaciones verbales, sucedía algo que me he obstinado en ignorar sistemáticamente. El procesador de texto, Microsoft Word, lo marcaba como un error ortográfico. Teniendo en cuenta la mala relación que siempre he tenido con esta disciplina tan esencial, lo achacaba a un error mecanográfico provocado por mi auto diagnosticada dislexia. Los increíbles mecanismos de la mente, podría pensar usted, yo le deseo al indulgente lector que su mente no funcione con tanta torpeza como la mía.
Pero llegó un momento en el que se imponía ser realista, tenía que saber la verdad, alguien se estaba equivocando, Microsoft o yo, y como es bien sabido que la empresa de Bill Gates a veces se equivoca a posta, todavía quedaba un pequeño rayo de esperanza. En Nueva Delhi no dispongo de ninguna edición del magnífico diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, así tuve que consultar la igualmente eficaz pagina web, rae.es. Cuando tecleé con seguridad y convicción la palabra empatizar, en mi pantalla apareció “La palabra empatizar no está en el diccionario”, “¡¡¡Maldita sea!!!” pensé, “¿Soy la única persona en este mundo que no va a disfrutar de una pequeña victoria moral ante Microsoft?”. Después, en una especie de delirio paranoide busqué empatía, no fuera a ser que estuviera viviendo en una mentira, que todo el mundo me estuviera tratando como a un loco iletrado que se inventaba palabras y que, como, a pesar de eso, les caía bien, me hacían creer que me entendían. Afortunadamente para mi salud mental existía una definición para empatía, “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Pero esta definición sugería la existencia de un verbo que le diera algo de acción ¿Si no podía ser empatizar, cual sería? ¿Acaso era posible que una lengua tan sana y completa como la nuestra no disfrutara de un verbo de esas características? ¿O es que los españoles no somos capaces de identificarnos mental y afectivamente con el estado de ánimo de ningún otro sujeto mas que con de nosotros mismo? Bueno, eso explicaría muchas cosas… ¡Espera un momento! Eso no es posible, somos gente muy simpática aunque no demos esa impresión en países como México. ¡Más Paranoia! “¿Qué te pasa, Antón? ¿No se suponía que por lo menos sabías hablar tu propio idioma?”.
Así me pasaba los días, torturándome por mi terrible incultura, encerrado en un bucle agónico, temeroso de descubrir tan triste realidad sobre los míos. Finalmente conseguí superar la vergüenza que sentía y le pregunté a la hispanoparlante más cercana, “¿Sabías que el verbo empatizar no está reconocido ni por la RAE ni por Microsoft Word?” contesto con una negativa y pensé que a pesar de todo no era concluyente, ya que siendo mi interlocutora mexicana, era muy posible que su pueblo si fuera capaz de identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo de los demás. Tuve la fortuna de sobrevivir el tiempo suficiente a la India como para volver a España y poner el asunto en manos de mis sabios conocidos. Todas las personas con las que consultaba me confesaron que hacían uso del incorrecto verbo habitualmente y manifestaron su sorpresa al saber que las ilustres instituciones anteriormente mencionadas no reconocían su existencia en castellano. Les comenté la teoría que estaba desarrollando en ese momento, que usamos este verbo inventado para traducir “to empathize” del inglés ¿Significaba esto que los anglosajones si son capaces de identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo de los demás y que los españoles y posiblemente los latinoamericanos, no? ¿Cuándo van a dejar de humillarnos? ¿No tuvieron suficiente con la Armada Invencible y Gibraltar?
Finalmente di con la persona adecuada, el hombre que tenía la respuesta, mi tío, aunque tampoco conocía el misterio escondido detrás de empatizar, dio rápidamente con la tecla. Y es que quizás los españoles no seamos capaces de sentir empatía, pero si lo somos de sentir simpatía y por tanto de simpatizar, que según la RAE es sentir “Inclinación afectiva entre personas, generalmente espontánea y mutua”. Como ya he dicho antes, aunque no lo parezca la mayor parte del tiempo, somos un pueblo muy simpático.    
PD: Para que el lector se ponga en contexto, este artículo fue escrito hace un par años en el aeropuerto Estambul, en el que me encontraba haciendo una escala de doce horas entre Madrid y Nueva Delhi. A día de hoy, después de la gigantesca revisión del diccionario de la Real Academia Española de la lengua que se hizo el año pasado, el verbo empatizar sigue sin haber sido incluido en la última edición (tampoco el Word en el que estoy revisando este texto le da credibilidad). Últimamente, cada vez que pienso en el tema, tengo más la impresión de que este verbo se coló ilícitamente en nuestra lengua a través de malas traducciones de textos New Age. No recuerdo ni a mis padres ni a mis abuelos utilizándolo y, a decir verdad, yo empecé a usarlo mientras vivía en la India, seguramente influenciado por el ambiente angloparlante que me rodeaba. A pesar de lo que pueda parecer, creo que es un verbo que a efectos prácticos enriquece nuestra lengua desde hace ya algún tiempo, y tiene un significado con el que cada vez simpatizo mas. Especialmente ahora que veo desde el DF las imágenes de la Plaza del Sol de Madrid, repleta de la gente de mi generación desesperada al ver como desaparece a su alrededor todo lo que les habían prometido que tendrían si estudiaban y se preparaban bien. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Las máquinas inútiles.

Este mes con una bonita interpretación de mis recuerdos de mi buen amigo Ricardo Lozano.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

miércoles, 3 de agosto de 2011

martes, 14 de junio de 2011

lunes, 16 de mayo de 2011

miércoles, 13 de abril de 2011

Un tema serio: Humoristas muertos










Este artículo fue severamente modificado por el corrector, por una competición que parece ser que tengo con el dibujito de arriba, juzguen el resultado. Aquí abajo el artículo original.

Un tema serio: humoristas muertos.

Por Antón Goenechea Caballos

Cuando los humoristas se ponen serios, empiezan a reflexionar con mucha gravedad sobre el arte de hacer reír. Eso siempre me ha provocado sentimientos encontrados ¿Quién puede querer a esos inadaptados si no te hacen reír hasta que te duelan las costillas cada vez que abren la boca? Por alguna razón no puedo soportar que hablen con dignidad de absolutamente nada y mucho menos de su profesión, pero tampoco es justo prohibir a nadie hablar de lo que hace (por eso las familias inventaron a los psicólogos, para no tener que soportar a las tías depresivas o a los primos suicidas). Otra cosa que no me gusta de los humoristas es verlos en fotos. Nunca transmiten la naturalidad que tienen el escenario o en la televisión, o están muy serios o están forzando una sonrisa enorme y muy incomoda. Siempre me los imagino poniendo cara de aburridos y encendiendo un cigarrillo inmediatamente después de la foto mientras preguntan “¿Es demasiado temprano para empezar a beber?”. Tampoco me encantan los comediantes guapos, no me los creo, por muy bien que cuenten chistes, nunca consiguen convencerme de que su vida diaria es tan miserable como dicen en sus monólogos. Y no es que tenga la necesidad de saber que son unos desgraciados, solo me hace falta estar convencido durante su actuación, al fin y al cabo, creo que la finalidad de la disciplina es hacer sentir a la gente que no son tan miserables por ser tan miserables.

Otra cosa que realmente detesto de estos señores y señoras, es que hagan malas películas. Y eso que soy un autentico fanático de las malas películas, no quiero tener que crecer y descubrir que Steve Martin o Robin Williams son dos de los tipos mas graciosos del mundo cuando me pasé media existencia pensado que eran actores mediocres con un éxito inexplicable, aunque con eso tiene mas que ver el hecho de no haber crecido ni en EEUU ni en sus alrededores y que el Stand Up Comedy no haya sido un bien exportable hasta hace relativamente poco tiempo, gracias a Youtube. Aunque lo que mas me jode, por encima de cualquier otra cosa, es que se mueran. Por la razón que sea, no hay nada que moleste mas que el que se muera un buen humorista. Porque cuando se mueren todos se ponen serios y empiezan a reflexionar con mucha gravedad sobre el arte de hacer reír en relación al difunto y entonces empiezan a aparecer videos homenaje y documentales sobre lo polémicos, alcohólicos o drogadictos y a la vez adorables y generosos que eran John Belushi, Richard Pryor, John Candy, Benny Hill, Chris Farley, Lenny Bruce, Bill Cosby (a no, este no se ha muerto todavía), Andy Kaufman o George Carlin. Estos tipos eran auténticos genios, gente realmente graciosa, ingeniosa y por lo general muy buenos escritores ¿Por qué debería importarnos lo que hacían fuera del trabajo? Pues bien, este artículo va de eso.

Algo que hacía a estos tipos especialmente brillantes era la capacidad de reírse de cualquier cosa y de cruzar cualquier frontera moral o de buen gusto para hacer que las personas mas “decentes” se partieran de la risa (por supuesto que siempre ha habido gente a prueba de inteligencia y sutilidad, pero no me cabe la menor duda de que la mayoría de ellos en la soledad de sus hogares no podían aguantar la ganas de torcerse de la risa). Y como cualquier cosa era susceptible de convertirse en un buen chiste ¿Cómo podían evitar utilizar el peor chiste que nos ha dado la naturaleza? La muerte.

Por ejemplo, el grande y añorado Andy Kaufman, cuando tenía 34 años fue diagnosticado con cáncer de pulmón y le dieron una esperanza de vida de tres meses. Nunca fumó, bebió en exceso o tomó drogas y muchos piensan que el cáncer fue provocado por su ambiente de trabajo, clubes nocturnos de monologuistas en la tan poco añorada época en la que todavía se podía fumar en los antros. Se dice que por miedo a que la gente no lo tomara enserio, decidió no decírselo a casi nadie. Parece ser que, lejos de tomárselo mal, mientras luchaba por combatir el cáncer, empezó a difundir el rumor de que iba a fingir su muerte y a reaparecer diez años después, finalmente murió en 1984, con 35 años, y todavía hay mucha gente esperando su regreso. Los que seguro que no lo esperan fueron aquellos que estuvieron en su funeral y tocaron su cadáver para asegurarse de que todo aquello no era una broma.

Benny Hill era famoso porque al final de su programa, The Benny Hill Show, de la BBC, todo el mundo corría a cámara rápida en una larguísima persecución sin sentido. También era conocido porque ser acosado sistemáticamente por feministas y bienpensantes, por esa afición que tenía a sacar chicas jóvenes, hermosas (siempre según los cánones de la época) y ligeritas de ropa en el show. Aunque probablemente esta sea la misma razón por la que fue tan querido por el público y por lo que se hizo tan rico. Benny Hill murió en 1992 por problemas de cardiacos. Fue encontrado cuatro días después, sentado delante de su televisión encendida y, por amarillear la nota, digamos que en estado de putrefacción, y según la leyenda, rodeado de dinero. Cuando fue enterrado, se difundió el rumor de que dentro de su ataúd había un atentico tesoro. No tardaron ni dos días en profanar su tumba. Curiosamente, en los días en los que el cadáver del bueno de Benny estaba sentado delante de la televisión, se publicó en su nombre un artículo homenaje al humorista Frankie Howard en numerosos periódicos.

Y finalmente mi favorito, el hombre que se gano la vida quejándose y cuestionándolo todo, un genio del leguaje y de la oratoria, un tipo con voz grave y la mala baba que hacía falta para ser verdaderamente gracioso, George Carlin. Este señor se pasó la vida diciéndonos lo estúpidos que éramos mientras todos nos reíamos como si no tuviera nada que ver con nosotros, y eso era lo que lo hacia tan bueno. Solo tiene que ver con los anteriormente mencionados en que fue un gran comediante y en el hecho de que está muerto. Su muerte no estuvo rodeada de ninguna polémica, su cuerpo no fue desenterrado y, por desgracia, nadie espera que vuelva a aparecer en un escenario como si nada. Pero como fue uno de los cómicos mas prolíficos de la historia, le dio tiempo a hablar sobre casi todo en sus 71 años de vida, por esta razón no ha sido nada difícil encontrar sus opiniones sobre su relación con la muerte. Una semana antes de que estirara la pata, estaba de gira con su espectáculo It´s Bad for Ya, en el que hablaba sobre el tema, habló sobre las estupideces que suele decir la gente en los funerales y de a donde queremos creer que va la gente cuando muere. Homenaje tras homenaje se sucedieron después de su muerte y todo el mundo se puso muy serió para hablar del artista que hacia reír, y seguramente todos se alegraron de que George Carlin no andará por allí para oírles decir todas esas estupideces.


miércoles, 9 de marzo de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

Te estamos observando

Y este artículo se me quedó corto. Pero creo que ya le he encontrado la medida....


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Bollywood para principiantes

Aquí esta mi primer artículo publicado para Nylon Magazine en México.
El artículo fue dividido en dos números de la revista, uno corresponde al número de noviembre y el otro al numero de diciembre-enero. Está visto que mis artículos siguen siendo demasiado largos.



















Diciembre/Enero 2010
Noviembre 2010

Una chica está a punto de cometer el peor error de su vida, casarse con el hombre equivocado. En su rostro, maravillosamente maquillado y decorado con espectaculares joyas, podemos ver una expresión de resignación ante lo inevitable. Va a seguir el destino que sus padres le han marcado, va a tener un matrimonio arreglado. En el último momento alguien irrumpe en la boda, es su príncipe azul, el hombre del que está realmente enamorada. Ha venido a rescatarla porque se ha dado cuenta de que no puede vivir sin ella, pero antes tendrá que demostrar lo que vale. Este no solo es el argumento del El Graduado, también es el del 90% de las películas de Bollywood. Antes y después de esta escena puede pasar de todo, seguro que habrá bailes, canciones, alguna escena de acción, comedia, amistad y amor por la familia. Por unos padres que aunque a veces se equivoquen, siempre quieren lo mejor para sus hijos y al final sabrán darse cuenta de lo que necesitan. Por supuesto, respetaran los valores tradicionales sin renunciar a la modernidad. Habrá amor por la patria y se reivindicará la nación india. Se hará hincapié en que no hay nada que un indio no pueda hacer y ningún sitio al que no pueda llegar. Se disfrutarán los espectaculares paisajes del país y sus prosperas ciudades. Además de alguna que otra capital occidental, en la que los personajes se moverán como pez en el agua y encontrarán a algún nutrido grupo de blancos que se sepan la coreografía del videoclip. Y todo esto sin tener ni la más mínima intención de vender las virtudes de la India a los extranjeros, lo hacen para ellos, para el disfrute de los suyos dentro y fuera del país.
Esto no significa que nosotros, los extranjeros, no podamos deleitarnos de la industria más prolífica del mundo. Por supuesto, antes de aproximarnos a ella conviene seguir una serie de reglas que nos ayudaran a disfrutar plenamente de esta experiencia que por lo general nunca dura menos de tres horas.
Regla número uno, elija a su estrella favorita: Si es usted un amante de los clásicos, de los actores de toda la vida, de los que nunca mueren. Sin duda está buscando a Amitabh Bachchan. Si se le pudiera comparar con alguien, yo lo haría con Sean Connery. Es un personaje omnipresente en el cine, en la publicidad, en TV y en los corazones de todos y cada uno de sus compatriotas en las últimas cuatro décadas. Si por el contrario lo que a usted le gusta son esas mujeres tan espectacularmente bellas que se comen la pantalla con su sola presencia, debería de conocer a Aishwarya Rai, que digo, seguramente ya la conocerán. Llegó a la fama como muchas otras, ganando Miss Mundo en 1994, y se ha convertido en la indiscutible reina de Bollywood. Por cierto, está casada con el hijo de Amitabh, no le busquen segundas intenciones a tan afortunado enlace. Y si lo que le gustan son los señores un poco pasados de peso y con bigote, yo no seré quien le juzgue, porque millones de personas en el país del Ganges también adoran a grandes actores como Anil Kapoor, al que recordaran por su papel de presentador de programa de televisión en Slumdog Millionare. Para el público más moderno también hay donde elegir, desde actrices extremadamente sexys y de corte occidental como Katrina Kaif, Priyanca Chopra, Deepika Padukone o Kareena Kapoor, a los forzudos Salman Khan, Akshay Kumar, Hrithik Roshan o Shah Rukh Khan, este último llamado a ser, si no lo es ya, el nuevo Amitabh Bachchan. Todos ellos, modelos de conducta e ídolos de masas.
Regla número dos, esté muy atento a sus próximos estrenos, ya que serán más de uno y más de dos al año. Al contrario que en occidente, en la India una imagen nunca se quema, pero si se debe de olvidar rápidamente a juzgar por el hecho de que en cada nuevo estreno se repiten las mismas caras.
Regla número tres, hágase con las bandas sonoras antes del estreno y no se olvide de practicar las coreografías, ya que nunca sabe cuándo va a tener la oportunidad de lucirse en una fiesta. Como en el tradicional baile de la lluvia que se celebra cuando se acerca el asfixiante verano en Delhi y donde no es raro ver a los niños bailar imitando los movimientos de sus ídolos a cámara lenta, bajo la lluvia artificial de los aspersores.  Los videoclips y las bandas sonoras de las películas se ponen a la venta antes del estreno y sirven como reclamo publicitario.
Regla número cuatro, reúne a tus amigos para ver la película, ya que si ha seguido el resto de las instrucciones, le aseguro que habrá momentos en los que no podrá evitar levantarse para cantar y bailar, y hacerlo solo, va a parecer… raro. Por eso le recomiendo que si decide adentrarse en el mundo de Bollywood, intente arrastrar a sus amigos con usted, porque son películas que merece la pena disfrutar acompañado. Pero en caso de que no consiga compañía, bajo ningún concepto apague su celular durante la función. Ya que, como he dicho antes, la película durará una media de tres horas durante las que no parece estar mal visto quedar con algún amigo para después, hacer llamadas de negocios o escribirle algún mensaje a la chica que te gusta inspirado por alguna frase de tu estrella favorita.
Regla número cinco, sea de mente abierta. Porque verá cosas que le chocaran, sobretodos a aquellos que se hagan preguntas como ¿Y no era ese el país con mayor desnutrición infantil del mundo? Y es que Bollywood parece funcionar como un espejo mágico en el cual se ve todo el país distrayéndose de lo que realmente pasa a su alrededor, limpiando las calles y cambiando la miseria por el urbanismo mas puntero mientras se regocija en el lujo y la opulencia. En eso se supone que consiste la magia del cine, en que unas veces te haga pensar y otras, simplemente te ayude a olvidar. Por eso Bollywood es el mejor exponente de la industria del entretenimiento.
Sepa también el lector que cuenta además con una amplia gama de géneros, desde la comedia romántica a la ciencia ficción y de la tragedia a la acción de primer nivel o, si así lo desea, podrá verlo todo junto en el género supremo que abarca todos los estilos, el Bollywood Masala. Merece la pena aclarar que los indios entienden el termino masala como mezcla. En la comida representa una mezcla, muchas veces indefinida, de especias. En el cine es siempre una mezcla indefinida de géneros. Donde de nuevo se miran al espejo para ver la que para ellos es su mayor virtud, la gigantesca diversidad cultural.
Otra de las grandezas de Bollywood es la capacidad de fagocitar los argumentos del cine occidental y convertirlos en películas puramente indias, como la mezcla de Superman y Batman en Krish (2006) con Hrithik Roshan, o el Memento indio Ghajini (2008) con Aamir Khan. O de hecho atraer estrellas de Hollywood como es el caso de Kambakkht Ishq (2009) protagonizada por Akshay Kumar y Kareena Kapoor y secundados por Sylvester Stallone, Denise Richards, Brandon Routh y Holly Valance, o la gigantesca Singh Is Kinng (2008) con Akshay Kumar y Katrina Kaif, y con banda sonora de Snoop Dogg. Pero no solo atrae a Hollywood, también la estrella mexicana Bárbara Mori comparte cartel con Hrithik Roshan en Kites (2010) la sensación de la temporada. Actualmente se encuentra en Mumbay el prestigioso guionista y director Paul Schrader (Taxi Driver, American Gigolo) donde se supone que rodara Xtreme City con Shah Rukh Khan.
Es el momento de volver al principio, a esa chica que está a punto de casarse y veamos que puede pasar. La primera opción es que efectivamente el héroe se salga con la suya y rescate a la chica de un matrimonio probablemente infeliz, no sin antes ganarse un buen puñetazo del que ha estado a punto de institucionalizarse como marido. Al final, cuando los invitados y familiares se den cuenta de que la chica lo quiere a él, aprovecharan la coyuntura para contraer matrimonio con la bendición de todos, incluido el cornudo. En un segundo supuesto, digamos que el héroe se retrasa, pongamos un atasco, una trampa de la suegra o una conspiración criminal destinada a acabar con la vida del presidente de Botsuana, da igual. Lo importante es que se retrasa, que la ceremonia se lleva a cabo y la chica se casa, eso solo puede significar una cosa, la chica se acabará enamorando de su marido cuando entienda todo lo que este señor está dispuesto a hacer por ella, en algunos casos llega a viajar a Europa en busca del hombre del que su mujer está enamorada. Y pongamos que en un tercer supuesto será el padre el que, después de ver la desdicha en la que está a punto de condenar a su hija, aun a costa de su honor (que en realidad nunca se verá dañado) disuelve el compromiso para dejar a su retoña en brazos de su amado. Merece la pena señalar la poca mano que tiene ella en estas decisiones que tanto le afectan. Pero lo más importante, lo fundamental, es que todos aceptaran su destino y lo harán con felicidad y regocijo.

sábado, 17 de julio de 2010

Un encuentro en la cumbre

























Amigos mios, aquí tenéis otra entrega.

sábado, 26 de junio de 2010

El reto.

Me voy a proponer un reto a mí mismo y lo voy a compartir con vosotros. Me apuesto a mi mismo que al final de este año voy a ser capaz de traducir al español castizo esta canción de Café Tacuba sin la ayuda de ningún chilango (gentilicio coloquial de los defeños, naturales del México DF).



Si no lo consigo...

viernes, 25 de junio de 2010

Como superar un viaje en el tiempo.

Soy un viajero del tiempo, de hecho soy un viajero que viene del futuro y para variar no he sabido sacarle ningún provecho a esta condición. Tampoco es que venga de un futuro muy lejano, no he conocido a vuestros hijos y no sé si algún día terminareis de pagar la hipoteca. ¿Cómo es posible? Muy sencillo, como casi todos habéis visto Superman, sabéis que si se vuela en sentido Este-Oeste, alrededor del globo terrestre, se puede retroceder en el tiempo y salvar a Lois Lane, que parece ser la única utilidad de esta experiencia. A grandes rasgos es lo mismo que hemos hecho Gabi y yo viajando de India a México, el único problema es que en caso de que Lois Lane hubiera estado en peligro, el piloto de nuestro avión habría metió la pata volando por el polo norte en lugar de viajar en hacía la izquierda, mirando hacia el norte... bueno, no sé si a efectos prácticos este viaje le hubiera servido de algo a esta intrépida y temeraria periodista, aunque si me permitís aventurarme yo diría que Clark Kent se hubiera quedado viudo.

La verdad es que la utilidad de viajar doce horas al pasado es muy relativa, sobre todo si se tiene en cuenta que se tardan unas veinticuatro en llegar, así que lo único que haces es tragarte 24 horas de viaje para que te las cuenten como si solo fueran 12 y encima, si haces escala en EEUU, corres el riesgo de acabar metido en un cuartito aterrorizado ante la expectativa de que un policía grandullón y maleducado se ponga un guante de latex y saque un bote de vaselina. Aquí viene uno de los pocos consejos prácticos que recibiréis en My Daily Delhi Belly, si viajáis a USA consultad la web de la embajada, porque aunque no nos haga falta visado turista, tenemos que pedir permiso y a poca gente le apetece pasar por una experiencia tan intima con un tipo con tan grosero.

Como antes de viajar a cualquier sitio siempre conviene documentarse un poco, quiero compartir con vosotros algunas de mis fuentes más fiables sobre este gran país que conocemos como México. La primera es mi buen amigo Javi, quien en una ocasión me contó que un mexicano le había dicho que nada más bajarte del avión en el aeropuerto del DF, te pegaban un tiro. Yo, que soy una persona muy inocente, pensé en lo bien que les venía eso a las compañías aéreas, ya que la mayoría de los pasajeros compran sus billetes de ida y vuelta, además así se explicaría la exagerada y siempre sospechosa poca diferencia de precio entre un pasaje solo de ida y uno que incluyera la vuelta. Por supuesto, aunque tuve la prudencia de comprar mi billete en un solo sentido, porque más vale prevenir que curar, esta no era mi principal preocupación cuando me bajé del avión. Lo que ocupaba mi mente era mi inminente presentación ante mi familia política. Después de todo, no sería una locura que, teniendo en cuenta con todas las perrerías que les hemos hecho a lo largo de la historia, una familia mexicana no se fiara de un yerno español. Así que imprudente de mí, en lugar de preocuparme por las personas con armas fuego, me dediqué a buscar a mi suegra y a mi cuñada. En lo único que fui prudente fue en adecentarme un poco cortándome el pelo unas semanas antes, en Delhi. El resultado me hizo darme cuenta que si muchos indios llevan esos pelos es porque quieren… o por una de esas razones que a los cosmopolitas como yo nos gusta catalogar como “culturales”. Debí de ser muy afortunado porque no solo salí intacto del aeropuerto, sino que mi primer encuentro con la progenitora de Gabi pareció ser todo un éxito. Yo intente hacerme el gracioso un par de veces y ella se rió cortésmente.

Mi segunda fuente viene de la India y de una opinión muy generalizada entre aquellos que habían estado en México y que aseguraban que no iba a sentir la diferencia, que iba a ser igualito a Delhi. Con esta idea me subí en el coche del padrastro de Gabi. En el primer tramo, entre una terminal y otra del aeropuerto, nada me pareció normal. Quiero decir que, habituado a vivir en la India, me sorprendió no ver animales, arena o gente amontonada en el aeropuerto. Es posible que debido a algún evento no le estuviera permitida la entrada a la población civil. Cuando llegamos a la otra terminal, nadie nos quiso cobrar la entrada, los taxistas no nos invitaban a subir a sus vehículos y no había cincuenta hombres disfrazados de mayordomo y levantando papeles con nombres occidentales. Allí nos encontramos con Pilar, que había traído una de nuestras maletas a pesar de conocernos de un mes… parece ser que nunca había visto “Jailed Abroad”. En el siguiente tramo, entre el aeropuerto y la casa de mi familia política, tampoco encontré nada que me recordara a Nueva Delhi. Coches americanos, camiones con formas sinuosas en lugar de latas gigantes pintadas de mil colores, pocos baches, adelantamientos silenciosos… en ese momento empecé a echar de menos India, me di cuenta de que mis fuentes no habían sido muy fiables y de que definitivamente aquello no era Asía.

Mi tercera fuente sobre México es la más cercana, Gabi. Pero uno siempre sabe que cuando alguien habla de los suyo, la subjetividad lo empuja a valorar basándose en los mejores recuerdos de la vida. El sabor único de la comida, la belleza del paisaje, la simpatía de la gente, etc… A todos nos gusta nuestro país, especialmente cuando estamos en el extranjero. Decidí ser prudente y otra vez me equivoqué. Solo hizo falta una visita al mercado donde la fruta y la verdura son gigantes y apetecibles, donde había ternera en todos lados, donde comimos huaraches y bebimos horchata de arroz y agua de Jamaica, quedé convencido de que Gabi no se equivocaba. La noche anterior, debido a ese fenómeno conocido como jetlag y que en mi opinión no es otra cosa que el proceso de adaptación después de un viaje en el tiempo, Gabi y yo nos despertamos a las dos de la madrugada. Después de desayunar unas quesadillas, siguiendo el horario indio, pusimos la tele y para nuestra sorpresa ponían “Bollywood Hero” una serie cómica en la que Chris Kattan se interpreta a sí mismo intentado convertirse en una estrella de Bollywood. La serie era tan buena, tan divertida que casi me echo a llorar de pena.

Por eso soy un viajero del tiempo, porque durante una semana mi cuerpo estaba todavía en Nueva Delhi y mi cabeza me torturaba haciéndome pensar en lo mucho que me iba a costar volver. Y lo que más jode es que, a pesar de viajar en el tiempo, de venir del futuro, no he acertado prácticamente nada en la quiniela del mundial.

Así es como empieza mi épica aventura mexicana.

miércoles, 16 de junio de 2010

Ajustando el marcador.

Como casi todos saben, hay pocas cosas que me gusten mas en este mundo que una buena pachanga de baloncesto, ya fuera en su momento en las pistas del polideportivo de Tomares, en la de mi colegio mayor, el Pio XII, en las de la calle Embajadores de Lavapies (de las que me considero hijo adoptivo) o de las de Siri Fort en Delhi. Uno de los problemas más habituales de estas pachangas es que, sobre todo en los partidos muy igualados, aparecen tensiones entre los jugadores, que comúnmente conocemos como piques. Llega un momento en el que alguien pregunta “¿Cómo vamos?” y otro contesta “15 -16”, a lo que uno de equipo rival saltará diciendo “¿Cómo? 17 – 16 para nosotros” “¿Pero qué dices? Si el último triple no valía y además estabas pisando la línea” (hay que aclarar que, normalmente, en las pachangas los triples valen dos puntos y las canastas normales uno). La dinámica de la conversación nos llevará a que finalmente, tras la intervención de algún jugador que lo único que quiere es seguir jugando, el marcador quede en 16 – 16, pero que la tensión en la pachanga se duplique.

Creo que la forma más honesta de acabar esta primera etapa de My Daily Delhi Belly es ajustando el marcador del que siempre estoy hablando. Vamos a ver quién ha ganado la partida, quien ha podido más…

Antes de empezar, debería de explicaros que la puntuación se hará basándome en toda la experiencia, no solo en las entradas que habéis leído, que como sé que sois un poco sádico y que solo os gusta verme pasarlo mal, no he querido aburriros con mis grandes triunfos en tierras asiáticas, bueno, vale, también es porque soy una persona muy de humilde.

Muchos os acordareis de la primera entrada “Matrimonio en Panscheel Enclave”, nuestra primera aventura, en la que un autodenominado gurú sexual, dudando de mi virilidad, nos intentó convencer de que no solo le enseñásemos nuestras intimidades, sino también de efectuar esas prácticas maritales que no tienen nada que ver con pelearse. Esta experiencia quedó compensada cuando conocimos a Rahul, mi autentico gurú, que me enseño mucho de la realidad social y religiosa de la India. También con Mr. Chaney, un sij, masón y por supuesto barbudo con el que entendí la perspectiva espiritual, que normalmente se nos escapa a los occidentales, de asuntos que nos parecen más que peliagudos. Empezamos dos a uno, y podríamos puntuar también el hecho de que a partir del primer gurú, Gabi y yo nos convertimos en un matrimonio con casi todas las de la ley en Panscheel Enclave… aunque no sé si sumarme un punto por esto se podría considerar uno de esos asuntos peliagudos.

En cuanto al acalorado debate que suscitó mi costumbre de usar mallas para hacer deporte y que se extendió a lo largo de varias entradas, tengo que decir que o ellos se acostumbraron a verme correr con esta prenda asomándose por debajo de mis calzonas o yo desarrolle un mecanismo de defensa freudiano para ignorar tan ignominiosas miradas. No sabría hacia donde puntuar, aunque sospecho que la India se llevaría la ventaja en esta ocasión.

No más afortunados han sido mis encuentros con animales semisalvajes en Nueva Delhi, y digo semisalvajes y no salvajes porque por vivir en la ciudad casi merecen el título de urbanos y en ocasiones hasta urbanitas. El primer encuentro que se puede considerar desencuentro, seguramente fue aquel de mono anciano con gigantescas partes nobles, que después de amenazarme, intentó atacarme con la intención de pegarme alguna enfermedad incurable, unos reflejos producto de mi no siempre latente instinto de supervivencia y de mis años de entrenamiento baloncestístico evitaron males mayores. La otra experiencia, que he compartido con vosotros ha sido el episodio de la paloma, en el que pude medir mis habilidades intelectuales con esta ave tan astuta. Los enfrentamientos se prolongaron durante más de un mes hasta que finalmente conseguí echarlas de mi balcón. Para compensar puedo decir que me subí en un elefante que no me hizo nada y que conocí a un perro que me cogió mucho cariño ¿Se compensan? Yo diría que sí ¿Y sabéis porque? Porque el juego es mío y no he cogido la rabia, creo que me lo merezco.

Otra cosa han sido mis visitas al Max Center, vamos, al hospital. Todo empezó con una muela y cinco dolorosas visitas al dentista. Lo bueno es que fue barato, lo malo es que fue doloroso, lo mejor es que después de un año tengo la dentadura sigue en perfectas condiciones. Este para mí. La siguiente visita estuvo relacionada con un accidente propio de la tercera edad, en el que me caí encima del lavabo de porcelana, después de que este se rompiera en mil pedazos contra el suelo. De esta experiencia he sacado unas cuantas cicatrices y la certeza de mi intolerancia al tequila. Creo que este punto se lo llevaría por acumulación el gremio de fabricantes de porcelana en la India, ya que hace unas semanas rompí el tanque de agua del templo, perdón, quería decir del retrete, en un accidente que nada tuvo que ver con una intoxicación etílica. Otra de las experiencias de las que también os hice participes, por muy desagradable que parezca, fue de mi primer “Delhi Belly”. Por prudencia no os he hablado de las otra cuatro en un margen de seis meses, por lo que he llegado a la conclusión de que he desarrollado intolerancia a algo a lo que no estoy dispuesto a renunciar. Está claro que en este apartado he salido perdiendo, aunque creo que se me debe de reconocer el merito de seguir vivo.

Pero bueno, después de miles de rupias perdidas en precios inflados por mi condición de extranjero, incontables pachangas de basket a mas de 40° y a menos de las ocho de la mañana, dos visitas al peluquero con balance positivo, primera visita al barbero, dos piezas de baño rotas, dos pisos con un casero malo que se metía en la cama con su director de banco y una casera tonta, miles de rickshaws y cientos de pensamientos de asesinato. Una reputación ganada como bailarín punjabi, una gran boda india, muchas visitas de las queridas, las impuestas y las inesperadas, además de algunos mentirosos compulsivos. Un piloto, varios guiones, un nuevo compañero de escritura. Y ahora que la experiencia se ha acabado, solo puedo acordarme de todos los buenos amigos que he hecho, un arquitecto con talento de escritor y apariencia de personaje de Stars Wars, un brillante jugador de baloncesto y respetable diseñador grafico, un chef mexicano al que quiero como a un hermano, un holandés errante, lo juro, errante de verdad y holandés casi de mentira, un montón de arquitectas encantadoras, mi gurú, mi sij masón, la reencontrada Clara, Anita y su encantadora familia y muchos, muchos más que me van a hacer querer volver el resto de mi vida. Creo que al final he acabado ganando.

Esta entrada se la dedico a Gabi, que ha hecho de este uno de los mejores años de mi vida y que ha sufrido en primera persona de todos mis despistes, dolencias y confusiones.

A partir de ahora una nueva etapa se abre ante mí y para inaugurarla, una nueva cabecera para el blog, “My Daily Delhi Belly o Mi Diaria Venganza de Moctezuma”. Hasta pronto amigos.