lunes, 16 de abril de 2012

Mi nombre en la ficción.




 

Todos somos inevitablemente protagonistas del libro, película o canción que narra nuestras vidas. Somos el centro de nuestra existencia solo porque es nuestro cerebro, dentro de nuestras cabeza, el que interpreta las sensaciones que nos transmiten nuestros sentidos. Podemos valorar que nuestra existencia no es lo suficientemente interesante como para compartirla o intentar acosar sistemáticamente a los que nos rodean con ella. Normalmente, esa valoración se hace superada la adolescencia, aunque aumentan los casos de adultos estancados en la primera quincena de sus vidas. Creo que de forma natural la mayoría de la gente con pretensiones narrativas de algún tipo empieza por el ejercicio de hablar de ellos mismos antes de hacerlo sobre los demás (cosa que demuestra que nuestra necesidad de generar ficciones e historias es parte de nuestra naturaleza). Así, el fotógrafo que hace una foto de sus pies, de alguna manera se coloca como protagonista de su obra mas amateur con un autorretrato, y el que guarda un diario o escribe un blog sobre su propia vida y experiencias, para su uso privado o con la intención de compartirlo con sus amigos, esta haciendo lo mismo. Obviamente hay una gran diferencia entre estos ejercicios y autores que se convierten a si mismos en el centro de sus carreras creativas, no como simples maniquíes, sino que ponen bajo el microscopio su cotidianidad, sus familias o sus experiencias pasadas. Las someten a sus mas que rigurosas valoraciones diciendo o dando a entender sobre si mismos lo que no querríamos que nadie dijera sobre nosotros. Siguiendo el orden común de mis artículos hablaré brevemente sobre tres de ellos: Harvey Pekar, Alan Berliner y Charles Bukowski.

Lo que mas me sorprende de Harvey Pekar es el hecho de que hasta que no me puse escribir este texto, no me enteré de que llevaba dos años muerto ¿Cómo es posible que la muerte de uno de guionistas de comic independiente mas importantes no tuviera ninguna trascendencia? Obviamente no es como si se hubiera muerto Spielberg, pero creo que no ha habido un solo día en los últimos años en el que no haya leído el periódico y, aunque no soy muy aficionado a los obituarios, creo que hubiera podido encontrar su nombre en cualquier sopa de letras ¿Por qué tanto escandalo? Por que me parece terriblemente injusto que un hombre que se hizo protagonista de su propia obra no pudiera escribir sobre un evento tan estresante como su propia muerte, aunque si escribió sobre la primera vez que lucho contra el cáncer en Our Cancer Year. Los aficionados al cine recordaran la adaptación de su obra al cine en la película American Splendor, que en el 2003 le abrió la puerta al resto de los no aficionados al comic de la obra de Pekar, después de ganar el festival de Sundance. Pues bien, dentro de está obra existe una reflexión muy interesante sobre lo importante que es nuestro nombre en nuestra existencia. En ella Pekar nos cuenta como, el día que tuvo su primera guía de teléfono se buscó a si mismo y encontró a otras persona que compartían el mismo nombre y sintiéndose vinculado a ellas, pudo imaginar como eran sus vidas a través de sus apariciones y desapariciones en la guía.

A Alan Berliner lo descubrí en mi clase de guion documental hace ya casi 10 años. Es un documentalista americano que centra su trabajo en cuestiones que afectan su propia existencia. Su obra mas fascinante en mi opinión es Nobody Business, en la que a través de una entrevista con su arisco padre construye un fascinante discurso sobre la identidad de su familia y la suya propia. De hecho esa búsqueda se extiende a lo largo de su carrera incluyendo otro fascinante corto documental llamado The Sweetest Sound, en el que encuentra a 12 hombres de todo el mundo que tienen su mismo nombre y los invita a cenar a su casa. Este señor dice que no hay nada en este mundo que suene mas dulce con el propio nombre y plantea el problema que se genera al existir mas de una persona con el mismo nombre.

            No hubiera sido honesto por mi parte no incluir a Charles Bukowski, el gran autobiógrafo que se descubre en la adolescencia o temprana post-adolescencia y que nos enseña como la vida de un vago puede estar llena de aventuras y como no hay nada demasiado trascendente. Como, para ser un mejor  amante hay que ser un hombre ocioso y como el lambrusco es la mejor manera de mantener el borracho cuando no tienes ni un centavo. Pero sobretodo nos ayuda a comprender el valor de la autobiografía. A diferencia de Pekar y de Berliner, Bukowski nunca se cuestiona su identidad a través de su nombre sino que inventa un alter ego, Henry Charles “Hank” Chinaski. Según el mismo escritor, esto le ayudaba a verse a si mismo como un personaje de ficción. La primera novela que leí de Bukowski fue Pulp, que no contiene ni la mas mínima intención autobiográfica aunque el protagonista siempre te lleve al mismo sitio. Enseguida leí Post office, su primera novela publicada y me di cuenta de que era el lógico primer paso para descubrir su obra y su vida.
           
            Estos tres autores se convirtieron a si mismos en personajes de ficción, incluso Berliner, a pesar de ser autor de documentales se simplifica a si mismo para hablar de su entorno. Los tres generaron obras importantes, trascendentes, divertidas e inteligentes, basadas en la vida diaria. La pregunta es: ¿Por qué con estas obras al alcance de la mano, sigue siendo tan divertido ver a las Kardashian?