domingo, 25 de octubre de 2009

El templo.

Parece estar comprobado que mudarse es una de las actividades mas estresantes por las que puede pasar un ser humano. No hay forma de hacer que no sea una experiencia terrible. Da igual quien seas, siempre va a salir algo mal y después algo peor, si eres pobre, porque te va a salir carísimo o vas tener que cargarlo todo tú y si pides ayuda no puedes decirle nada a los vagos de tus amigo que siempre llegaran tarde y se irán temprano. Si eres rico, porque tienes demasiadas cosas y la mitad se van a perder. Si estás, porque eres responsable de todo y si no estas es como si fueras rico, tendrás suerte si vuelves a ver tus pantalones favoritos… igual en la próxima mudanza si contratas al mismo tipo que te hizo la primera mudanza. Cuando eres soltero puedes llevarlo con cierta entereza, la mayoría de las cosas que acumulas son porquerías que se instalaron en tu cuarto porque sabían que su próximo destino era la basura. Pero cuando no lo eres, cuando tienes pareja o estás casado en algunos barrios de la capital de la India, tu casa deja de ser un refugio de objetos en estado terminal y se convierte en un lugar lleno de cosas útiles, que además funcionan, microondas, horno portátil, cacharros de cocina (todos tienen nombres y utilidades concretas que sueles desconocer)… y se presupone que todas esas cosas están destinadas a irse contigo allá donde vayas, porque sino no estarían en tu casa contigo y con tu novia (esposa en varios barrios de Delhi). De eso no te enteras hasta que tienes que mudarlas a tu nueva casa, tu solo (por razones totalmente justificadas… injustas, pero justificadas). Y como ya he dicho antes, eso te convierte en responsable de todos esos objetos. La peor parte se la lleva la otra persona, la que no estaba, que parece haber perdido todo derecho a quejarse cuando no encuentra ninguna de esas cosas útiles que se suponía que se habían mudado también, ya que al que le ha tocado el rol de porteador responderá sistemáticamente a cualquier conato de recriminación diciendo: “No sabes lo duro que ha sido, una de las actividades mas estresantes de mi vida”.

Bien, hasta aquí, estás podrían ser algunas de las implicaciones de una mudanza en cualquier parte del planeta, pero en la India, donde se supone de antemano que las cosas pasan en medio de un maravilloso caos, como a los incondicionales del optimismo (y a algunos del masoquismo) les gusta llamarlo, aunque también podrían decir bellísimo Apocalipsis o en una agradable tortura, todo puede alcanzar dimensiones bíblicas.

Cuando entras en tu nueva casa, cuatro días después de lo acordado porque la estaban limpiando y arreglando, descubres que lo único que han hecho ha sido pintarla, que por alguna razón, limpiar y pintar se han convertido en sinónimos o que igual, en hindi, siempre lo han sido. En cualquier caso esto ofrece a la persona que no pudo hacer la mudanza (por razones justificables), una vía de escape para no matar a su compañero experto en chantaje emocional.

Me imagino que, a estas alturas, os habréis dado cuenta de que no hablo en sentido figurado. De que Gabi y yo nos hemos mudado, y de que justo cuando Gabi se tenía que ir a México, el “@#$%,&” de nuestro antiguo casero decidió echarnos de casa (esta vez por razones injustas y poco justificadas). Pensareis “¿Quién? ¿Ese anciano tan agradable que los recibía metido en su cama con su director de banco? No es posible”, pues lo creáis o no, si que lo es.

La cuestión es que hemos encontrado un bonito apartamento en Hauz Khas, cerca de la oficina de Gabi, con un mercado enorme cerca de casa y con guardias muy simpáticos que no dudan en pedirnos el aguinaldo de Diwali (la navidad/fin de año hindú, por la que pasamos hace una semana), antes incluso de saludarnos.

El piso estaba en buenas condiciones, equipado con electrodomésticos tan modernos como uno al que llaman lavadora, que al parecer lava la ropa sola, solo tienes que llenarla de agua, echarle jabón, ponerla en funcionamiento durante quince minutos, después vaciarla, volver a llenarla de agua, echarle suavizante, ponerla otros diez minutos y después de vaciarla… esto no os lo vais a creer… después pasas la ropa a otro cubo llamado centrifugador que en solo cinco minutos hace que la ropa pase de estado empapado a ligeramente húmedo… ¿Ya hemos pasado el siglo XXI o que? por que ahora me da la impresión de que vivo en una película del espacio.

De los pocos problemas que encontramos en nuestro nuevo hogar, los peores fueron la ausencia de timbre y el baño del dormitorio. Se lo dijimos a nuestra casera y no puso ningún problema en arreglarlo. Para eso nos mando a un par de tipos que se ocuparon de todo, lo que nos gusta llamar “manitas” o “chapuzas”. Lo primero de lo que se hicieron cargo fue del timbre y hoy mismo han venido a instalar el retrete y el lavabo nuevo (que por razones de seguridad me he negado a manipular). En lugar de aquel horrible retrete verde hospital, nos han traído un moderno diseño en blanco. La verdad es que tengo que decir que los tipos lo hicieron en tiempo record, quizás por que no están acostumbrados a tomar un café tan fuerte como el que les di. Pero hay que reconocer que hicieron un trabajo impecable del que se sintieron muy orgullosos. Solo un problema, por alguna razón, seguramente debido al moderno diseño del retrete, este se encuentra en mitad del baño, como si estuviera entrando en la ducha. Ahora nuestro servicio parece un templo dedicado a la veneración del WC. Solo faltan velas, flores y una barritas de incienso para que sea idéntico a los templos que se ven por toda la ciudad y que, inocente de mi, siempre me han recordado a baños públicos, quizás lo eran. Cuando le hicimos notar que, al menos de donde nosotros veníamos, los retretes se ponen pegados a la pared, el tipo se debió de sentir insultado porque no apreciáramos las obvias virtudes de su obra, ya se sabe como es la sensibilidad artística. Luego le intentamos explicar que nuestro comentario era una queja y no una critica y que debía de poner el escusado, como mínimo, fuera de la ducha, “Not possible”, nos dijo. Llamamos a la casera y el estatus de nuestro baño paso a ser el de “Maybe”… a ver que pasa, pero creo que a partir de mañana por la mañana, cuando se seque la masilla con la que está pegado el retrete, me voy a poder empezar a duchar mientras me ocupo de asuntos mas serios… Ya no voy a tener excusa para llegar tarde a ningún sitio.

Por cierto, al parecer ahora puedes escoger como suena tu timbre como si escogieras el tono con el que va a sonar tu móvil. Por eso, gracias al artista de la instalación de escusados, cada vez que llaman a la puerta de nuestra nueva casa de Hauz Khas, es como si una bandada de palomas se sentara en nuestro salón a ver un partido de críquet.

5 comentarios:

  1. Qué bien volver a poder reírme con tus historias.

    Sigue manteniéndonos al día de vuestras aventuras y desventuras.

    Lo del altar wc ducha me ha llegado al corazón.

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  2. Me parto Antón, a ver si nos vemos esta semana que seguro que la historia en vivo y en directo es todavía más graciosa!!

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  3. Antón, por favor, haz una foto de ese baño, soy incapaz de imaginar la ubicación del retrete si no veo en una foto.

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  4. ME ENCANTAAA!!! Recibir noticias tuyas!!! Y sobre todo que nos hagas sonreir y "desconectar" con tus aventuras y tu particular forma de escribir... Ojalá pudieras contarlo en persona, me partiría de la risa... ¡¡¡QUIERO MÁS!!!

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  5. ¡Bro! Estoy con el tío Quique, ¡por favor, haz una foto! Me ha encantado la entrada y parece que no era la única en añorar tus historias. Jajaja! Este tipo de cosas sólo pasan por allí...

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