miércoles, 29 de abril de 2009

The male part

En la recepción del dermatólogo, en el Max Center de Delhi, entre otros, había varias mujeres con sari, un adolescente sij y una familia de musulmanes con su bebé. El niño pasaba jugando de los brazos de su barbudo padre a los de su madre, que estaba totalmente cubierta por un burka. Yo intentaba imaginarme los rasgos de la madre observando los del hijo, que la verdad es que era tan feo como su padre. El ejercicio consistía en descartar todos los rasgos del padre y el resto atribuírselos a la madre. Pero la densa barba del presunto progenitor hizo que desistiera pronto y que fijara mi atención en el señor que estaba sentado a mi lado. Lo único que me hacía pensar que era occidental era su piel rosada, que debe de ser uno de los pocos tonos que no abunda por aquí. Por lo demás, podía ser de cualquier sitio. Le llamaron antes que a mí “General Harris? Please, come in.” De alguna forma eso explicaba aquel ridículo bigotito esmeradamente arreglado. Respondió “Thank you” con un acento muy británico. A esas alturas, ya sabía todo lo que podía descubrir sin cruzar una palabra con él, y no se si darle las gracias a Arthur Conan Doyle o al Doctor House. El tipo era un militar inglés con problemas epidérmicos. Pobre de él si fuera un personaje de Agatha Christie.

¿Por qué estaba tan inquieto? Algo no encajaba en aquella sala de espera. Gabi y yo ya habíamos ido en un par de ocasiones a esa clínica y nunca había tenido esa sensación. Si alguien te dice que va a un hospital en la India, por tu cabeza pasan miles de imágenes de hospitales de campaña o de campos de refugiados, alguna pareja de guapos doctores en chavolas de grandes ciudades, “La ciudad de la alegría”, “Slumdogs Millionaire” o hasta “Ciudad de Dios” y “El jardinero fiel”, que, aunque no se desarrollen en este país, también salen muchos niños pobres. Pero este hospital se parecía más a los que había visto y visitado, nunca de urgencias, en Londres. No voy a ser tan necio y decir que todos los hospitales son así. Esta es una clínica privada que la mayoría de los habitantes de la ciudad no creo que se puedan permitir. Una visita al dermatólogo es la mitad del sueldo de Rani, la mujer que trabaja en casa.

Aunque aquello no era lo que me hacía sentir tan inquieto, es algo que está demasiado presente como para que me siga llamando la atención. Entonces caí en la cuenta de que era la primera vez que veía más clientes que trabajadores, aquí la media es de 7 personas por puesto de trabajo, cosa que tampoco agiliza demasiado los servicios. Debía de ser eso lo que me extrañaba. Entonces, entró otro tipo en la sala de espera. Por aquí, si tienen algo de pasta, casi todos llevan el mismo look. Pero, en este caso, la combinación de elementos era remarcable. Llevaba unos zapatos de punta italianos (esta es una suposición azarosa) y de piel de cocodrilo, con un par de hebillas enormes, pantalones de pinza negros con rayas azules, y una camisa blanca y celeste (mas celeste que blanca) con puños y cuello setenteros, blancos. Todo combinado con un bigote de Hell Angel y unas patillas de entre bandolero decimonónico y redneck. Hasta aquí, todo indianamente normal. Lo que se hacía raro en este hombre, es que toda la joyería que sus compatriotas distribuyen entre dedos, orejas y cuellos, estaban concentradas en las gafas de sol que llevaba apoyadas sobre la frente.

Entonces, después de una hora y media de espera, me llamaron para entrar en la consulta. Según tengo entendido, la diferencia entre una opción y una posibilidad es que, cuando tienes opciones, eliges. Cuando tienes posibilidades, la decisión no depende de ti, sino del destino, del azar, de algún ordenador superinteligente o de algún cretino sin criterio. Si vas a una heladería y eliges un helado de fresa ¿Qué posibilidades hay de que te lo den de mango con pasas? Si el dependiente no es disléxico, creo que ninguna. Pues bien, yo pedí un dermatólogo varón. Creía que había dejado el azar fuera de la jugada especificando esto. De los tres dermatólogos que estaban atendiendo, había dos hombres y una mujer. Obviando el hecho de que yo ya había elegido, solo tenía un 33,3 periódico % de posibilidades de que me tocara la doctora y así fue. Entre en su consulta sabiendo exactamente lo que iba a pasar. La doctora era una chica joven, me pidió que me sentara y me pregunto por mi problema. Yo le dije que tenía una pequeña verruga en la ingle y que por eso había pedido que me atendiera un hombre. Ella, muy profesionalmente, se tapó la cara con las manos y se puso a reírse nerviosa “Can you wait outside for a male doctor?”. Salí de su consulta pensando en los años de carrera y de especialidad que debía de haber pasado esa chica sin ver la ingle de un hombre.

Espere media hora mas y finalmente me atendió un hombre. La verruga resultó ser una irritación de la piel, seguramente provocada por sudar tanto haciendo deporte a 45º, nada que ver con las mallas, no os preocupéis. Me mandó una crema y me fui a la farmacia a comprarla. Le di la receta a la farmacéutica. Mientras buscaba mi crema, vi en el mostrador uno de esos anillos estimuladores de Durex tan anunciados en España. Decidí vengarme del puritanismo indio que me había hecho pasar el mal rato en la consulta de la dermatóloga. Cuando volvió la farmacéutica, le señale el juguete y le pregunté que era. Como era de esperar, se tapó la cara y empezó a reírse nerviosa “It’s for the male part”. “Excuse me?”, le dije yo. Entonces miro a su compañero, que me dijo “It’s a vibrator, for the male part”. Le mire con cara de no saber a que se refería y el hombre, rojo como un tomate, extendió su dedo índice y con la otra mano hizo un circulo. Después, metió el dedo en el círculo y empezó a simular la vibración de anillo mientras la chica no podía parar de reírse casi histérica, “It’s a vibrator, for the male part” repitió. Entonces, yo, como si se me acabara de revelar un gran secreto, le dije “So your male part become a dildo, no?”. Por la cara que puso, me di cuenta de que, para variar, el único que estaba haciendo el ridículo era yo. “70 rupees only” me dijo extendiéndome la crema que había pedido al principio. Pagué y me fui pensando en que tenía que encontrar otra farmacia cerca de casa.

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My Daily Delhi Belly by Antón Goenechea Caballos is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported License.
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6 comentarios:

  1. ¡Hola Antoooon!
    ¡Qué de tiempo!

    He llegado aquí a través de Clara, a ver si te echo un ratito y leo tus historias... Por lo pronto me ha dado alegría verte en las fotos y comprobar que ya no eres rubio, ja ja ja.

    ¡Un besazo!

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  2. Interesante lo de los anillos estimuladores Durex. ¿Para qué sirven? ¿Donde se ponen? ¿Son desechables, como otros productos de la marca durex? ¿Son recargable? ¿Se puede regular el diámetro?
    Tú, que estás enterado de estas cosas me podrás informar.

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  3. Como esperaba este tipo de confusión, puedes pinchar en "anillo estimulador de Durex", en el texto, es un link que te manda a la pagina de Durex, donde te explica todo lo que tienes que saber.
    Solo digo que si los padres del kamasutra lo usan, debe de ser porque funciona.

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  4. ¡Queremos más! ¿Qué pasa, que el calor te ha frito los sesos y no te inspiras? ;)
    I miss uuuu
    Your sista

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  5. jajajaj muy bueno Blanca

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  6. Antón no seas vago. Escribe cosas mas cortas pero mas frecuentes. Un beso

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