miércoles, 25 de febrero de 2009

Todos los bichos sagrados.

¿Esa ardilla es mi abuelo? No lo sé, pero por si acaso para en la próxima gasolinera.

Es fascinante la enorme cantidad de animales que puedes ver en las calles de Nueva Delhi, vacas, monos, águilas, cuervos, perros, algún caballo, ardillas, ratas, ratones y sucedáneos, otros pájaros de todos los colores y a los que no voy a nombrar, mas un porcentaje considerable de los insectos que habitan el planeta y a saber que mas. Además, también es increíble, que a algún gracioso, hace 5000 años, se le ocurriera que sería divertido que cualquiera se pudiera reencarnar en alguno de esos bichos. El tipo, por lo menos, tuvo el detalle de decir que dependiendo de lo bueno que fueras en la vida, te podía caer una criatura mas o menos agradable (no sé si según el criterio del consumidor o seguíendo alguna norma general).

Delante de la ventana de nuestro apartamento hay un árbol enorme lleno de pájaros y ardillas. Por ejemplo, en este momento estoy viendo como un cuervo negro y gris grazna por alguna razón que se escapa a mi comprensión. Es como estar de vuelta en Lavapies y oír los gritos de mis vecinos. Al principio joden, pero cuando te acostumbras, te da la impresión de que la niña del segundo que no para de llorar en toda la puta noche, te está deseando dulces sueños antes de dormir, o como si la vieja de enfrente, que escucha la COPE los domingo a las siete de la mañana, te avisara de que es hora de desayunar… o de pegarle un tiro.

La cuestión es que este acontecimiento, el cuervo junto a la ventana, que en cualquiera de los sitios en los que he vivido hasta ahora sería extraordinario, aquí solo te cuesta echarle un vistazo a un árbol cualquiera. Poco a poco me he ido acostumbrando, pero todavía, a veces, me quedo ensimismado mirando por la ventana, y el otro día me di de bruces con la cruel realidad del mundo salvaje. Vi como un águila cazaba a una ardilla a solo tres metros del balcón. Este acontecimiento me dejó profundamente consternado. No es como cuando lo ves en la tele, cómodamente sentado en el sillón, a cámara lenta, con la seductora voz de un narrador hablándote de la majestuosidad del ave, de su increíble vista, de sus poderosas garras… no tiene nada que ver. Aquí no te puedes olvidar de que esa pobre ardilla seguramente era el hermano, primo, hijo o abuelo del vecino, del frutero o de alguno de los niños que se ríen de mí… ¿Quién sabe si hace tres o cuatro reencarnaciones estuvo emparentada conmigo? Esta posibilidad me angustia, aunque no voy a negar que si mi pariente fuera el águila, entendería de donde me vienen la majestuosidad, la vista y las poderosas garras.

Algo que no entiendo es como esto no genera conflicto entre la gente. Aun tengo que investigar un poco más sobre el tema, pero supongamos que las personas que se reencarnan en bichos… animales, lo hacen en alguno que le coja cerca de casa. Teniendo en cuenta el gasto de energía que tiene que suponer la operación y que, estando muerto, no debes de tener muchas ganas de irte por ahí de paseo (además de lo contaminante que debe de ser el tráfico de almas), tiene todo el sentido del mundo. Entonces, si es posible que los animales que hay a tu alrededor sean familiares tuyos ¿Cómo mirarías a tus vecinos después de que su posible abuelo se coma a ese posible tío segundo al que querías tanto? En España con desconfianza y en EEUU, como mínimo, le sacas una indemnización por daños morales. En cambio aquí no les importa. Como si no te tocara de nada… no me lo explico.

El pobre desgraciado que se reencarno en la ardilla seguro que pensó que se iba a pegar la vida padre. Todo el día jugando entre el árbol de enfrente y mi balcón, hinchándose a comer fruta y dando por culo a los pájaros. Y un día va y le caza un águila, y la gente dice “Que majestuoso”, “¡¡¡Un huevo!!!” contestaría el águila si pudiera “Toda la vida siendo un tío de puta madre, pensando en lo genial que sería reencarnarme en un bicho tan guay. Y resulta que me paso el día comiendo ardillas crudas y tragándome la polución de toda esta ciudad y todo por no morirme en el campo”. Seguro que pensareis “¿Quien quiere ser águila en la India cuando se puede ser vaca?”. Si pudierais mirar a esos pobres animales a los ojos, os diré lo que veríais, a un bicho aburrido que se sienta en mitad de la carretera solo para llamar la atención, al que hace miles de años que nadie le da un abrazo y lo mas parecido a una muestra de cariño que recibe, es la mirada hambrienta de algún que otro occidental que lleva demasiado tiempo sin comerse un filete… ¿Quién quiere ser vaca en la India?

Esta entrada se la quiero dedicar a mi hermana, una gran amante de la naturaleza y de la fotografía de la fauna salvaje y domestica.

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5 comentarios:

  1. Como se entere la abuela Mari de que has comparado al abuelo con una ardilla, te va a cortar las pelotas y te vas a reencarnar en un buey, un mulo o un capón

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  2. La verdad es que debería de haber aclarado que era una conversación ficticia, por supuesto que el abuelo no se pudo reencarnar en una ardilla… era católico, ¡¡¡Por Dios!!! Esas cosas solo les pasa a los Hindúes o a los ateos, que cuando se mueren deben de entrar en algún sorteo espiritual para ver que religión los torturara el resto de la eternidad (¿no iba de eso el ecumenismo?)

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  3. ¿Lo dices por Manuel y por los perros del Monasterio de Alcalá de los Gazules? jejeje. Oigas usted, le he dado el link del blog a todos los de mi clase, que la mitad han estado en India y muchos me pedían que te preguntara si necesitas algún pintor o limpiadora en tu casa para que los contrates y se puedan volver a la India ;)

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  4. Antón!!! Es genial!!! Y me gusta que prestes más atención a los signos de puntuación, eso transforma tu genialidad en un delicioso granizado de limón con el hielo bien picado...
    En fin, un placer Señor...

    A.-

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  5. Antón me ha gustado, es muy directo. Me gustaría te pusieras en contacto conmigo. Soy la hermana de Pilar, la ex de tu padre, y vivo en Pondicherry (Tamil Nadu). Mi e.mail es pirufela@hotmail.com y me llamo María Cañavate

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