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Burocracia india

Aquí podéis verme en una pintura clásica nepalí siendo pisoteado por el funcionario encargado de dar los pasaportes en la embajada india en Katmandú.

Goa, el paraíso del guiri.

En España, cuando pensaba en Goa, me imaginaba a un montón de gente drogada en la playa, fiestas todos los días hasta las ocho de la mañana, muchas rastas y mujeres semidesnudas, mas o menos como me imagino Ibiza pero en la India... todo muy cansado. Desde que llegamos, todos nuestros amigos y conocidos indios nos recomendaban ir a pasar unos días y después de ir a alguna fiesta con ellos, la imagen de “capital de la juerga” no hacía más que reforzarse. Con ocasión de la llegada al subcontinente de mi viejo amigo Javi Martín “Martini” (y este es solo uno de sus muchos motes), Gabi y yo compramos unos billetes para ir a hacerle una visita a Mumbai, nuevo nombre de Bombai, si, ese sitio que sale en la canción de Mecano (¿de verdad acabo de escribir eso?). Javi llegaba a la India con un par de amigos, Antonio y Jorge, para ver a su chica y pasar seis meses viajando por el país. Cuando compramos los billetes, con algo más de un mes de antelación, le avisé que llegaríamos el 8 de abril. C...

Aquí hay polvo para todos…

Si algo hay en Delhi, sin que quepa la menor duda, es polvo ¿Puede que por el hecho de estar rodeados de desierto? ¿Puede que por algún tipo de conspiración de las fuerzas del mal? (posiblemente Pakistán)… quien sabe. Pero de lo que podéis estar seguros, es de que sus habitantes hacen todo lo posible para mantener esta ciudad impecable, puede que no sea suficiente, pero lo intentan. Sino no existirían estas droguerías móviles, que se mueven en manada y que podéis ver en la foto. Cuando llegué, lo primero que pensé fue “Mi madre se pondría histérica con esta cantidad de polvo” y luego me dije “Que feliz vas a ser aquí, nunca podrás ser el más cochino” . Cuando vi pasar a una de estas bicicletas por primera vez, me di cuenta de la verdad, mi madre no sería tan infeliz en este país y yo iba a tener que limpiar de vez en cuando.

Sí, yo soy ese de las mallas (o porque los niños se ríen de mí).

Planeaba que mi próxima entrada en el blog fuera “El pito de los indios”, un fascinante estudio que estoy haciendo sobre las aficiones de nuestros gentiles anfitriones. Pero después del interés suscitado por la última publicación de Gabi, a raíz de mi costumbre de usar mallas para hacer deporte, y de que tengo la sensación de que mi imagen se está viniendo abajo en mi propio hogar, creo que tengo que aclarar un par de puntos importantes. El primero de todos es que, desde hace años, los hombres y las mujeres modernos han estado luchando por muchas causas basándose en el principio de que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. Esta noble lucha ha abierto las puertas de la democracia a las mujeres y a las minorías raciales, ha dado voz a los pobres y ha ayudado a los enfermos. También provocó la revolución sexual, gracias. Esta es una batalla que continúa y continuará siempre. Pero hay un sector que suele quedar fuera de los discursos y que a veces siente que la sociedad les...